¡Quién me lo iba a decir! Uno de mis escritores preferidos, apasionado de la composición y el lenguaje, filólogo clásico y creador de territorios literarios, es también aficionado al fútbol. Por lo menos, ejerce de pronosticador certero. Antes de la final de Copa –no importa, porque la dificultad es la misma, si ocho horas o diez días antes de la conclusión del evento– publicaba en su blog esta entrada:

Vaticinio

Si aún hay justicia poética en aqueste mundo herético esta copa penibética —no hay estética sin ética— ha de ganarla el Atlético.

GHB A LAS 15:37

Lo escribía, como proclamaba el reloj automático, a las 15.37; es decir, ocho horas antes de que concluyera el suceso. No falló. Si hubiera existido algún motivo o indicio para hacerlo, este lector habría asegurado, en razón de mis propios prejuicios, que el autor debía tener los mismos conocimientos de fútbol que el pulpo Paul. Si no en cuanto a sapiencia futbolera, que la supongo superior en el escritor –los prejuicios no pueden llegar a tanto y la literatura tiene ejemplos que acreditan a aficiones y aficionados–, sí por su capacidad agorera. Aún así, una vez desprejuiciado, seguiré leyendo a Gonzalo Hidalgo Bayal con el deleite de costumbre. No obstante, animado por lo desconocido, ahora desearía que también escribiera las crónicas de la Champions. Eso sería mejor que el fútbol (y que los toros, por supuesto). No habría Mouriño capaz de estropearlo.

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