En medio de la transmisión de la exhumación e reinhumación del cadáver del dictador, el periodista explica a través de una cadena de radio cómo deambula, entre los curiosos nostálgicos del tiempo que se fue, «un hombre de edad avanzada que, al parecer, quiere seguir avanzando». Lógico afán; tal vez no le cupiera otra opción, salvo la de meterse en el féretro. Quién sabe, tal vez lo hubiera hecho con gusto.

Para tan sesuda reflexión poco importa la identidad exacta del personaje. No obstante, por si alguien siente curiosidad, se trataba de Antonio Tejero Molina.

 

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