Era tan solo la presentación de un libro, pero resultó nada menos que una fiesta cultural. Se habló de literatura y de teatro, hubo referencias recurrentes a la tragedia griega, a Shakespeare y El Quijote, a Oscar Wilde y Bernard Shaw, pero también a la naturaleza del ser humano y a su responsabilidad pública en pro de la vida en común; es decir, la convivencia.

Allí estuvieron el director teatral Denis Rafter, los actores José Vicente Moirón y Gabriel Moreno, los editores Lidia Gómez y David Matías (Editorial La Moderna) y un grupo de personas interesadas por lo que se presentaba y representaba: el libro de Edipo Rey, de Sófocles, en versión de Miguel Murillo, con anotaciones del director e ilustrado con fotografías del montaje que Teatro del Noctámbulo estrenó en 2014 en la sexagésima edición del Festival de Mérida. El acontecimiento tuvo lugar en la librería Yorick, de Madrid, especializada en artes escénicas.

Tras la presentación a cargo de los editores, Denis Rafter, que actuó como maestro de ceremonias, desgranó reflexiones en torno a Sófocles y a Edipo que orientaron su tarea como director de aquella representación. Haciendo honor a sus orígenes –habló de la predisposición natural de los irlandeses a la narración oral– propuso múltiples consideraciones en torno a Sófocles y a Edipo, a la tragedia y al teatro, a los actores y a la puesta en escena, con referencias muy concretas al impresionante teatro emeritense. Sus sucesivas intervenciones, cargadas de brillantez e ironía, mostraron no solo su profundo conocimiento y compromiso con el teatro, sino también su permanente y sutil indagación sobre el ser humano.

Concluida la reflexión del director, una narración tan profunda como amena, llegó el turno de los actores. José Vicente Moirón y Gabriel Moreno ofrecieron una lectura dramatizada de algunas escenas del Edipo que ellos mismos han subido en múltiples ocasiones al escenario desde el verano de 2014 con el Teatro del Noctámbulo. Y lo hicieron con la credibilidad y el vigor de dos actores acreditados. Las limitadas dimensiones de la librería y el contacto casi palpable con el público sentado en el suelo amplificaron el grito o el lamento de los distintos pasajes por encima incluso de una puesta en escena convencional. La reunión promocional se convirtió así en puro teatro.

Al fin los asistentes plantearon diferentes cuestiones y las respuestas de Rafter, con apostillas más personalizadas de Moirón, culminaron un verdadero acontecimiento teatral. Iniciativas similares ayudan a comprender el valor del teatro y obligan a admirarlo.

(Otros comentarios sobre temas similares: Tiempo de verano: teatro clásico y Edipo sobre las ruinas de Cáparra.

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