De primeras, no lo entiendo. Un periódico entrega su cabecera y toda su primera página a la publicidad de una universidad privada; para colmo, de dudosa reputación, aunque este sea un asunto ajeno al fondo de la cuestión.

el país falsoSe trata, pues, de un periódico sin noticias en portada, ni grandes ni pequeñas, ninguna. Sólo, todo, publicidad. ¿Hay truco?

Sí, el tipo de la letra de los textos es diferente, los titulares no responden al criterio habitual, faltan la fecha y el precio, y el logotipo del 40 aniversario. Pero allí está el logotipo de El País, en su sitio de toda la vida, la dirección de internet y hasta el eslogan “El periódico global?

Pasada la primera página, aparece otra primera, cubierta por ese encarte publicitario en el que se ha embuchado el periódico. Lo cogí por rutina, pero mi primera intención fue dejarlo en el estante; la segunda, pisotearlo, porque estaba en mi derecho, lo había pagado. La tercera, aceptar que ese día el diario había hecho un ejercicio de transparencia transmitiendo lo que en verdad le parece importante.

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