Los medios de comunicación se han esforzado a lo largo de muchos años de manera abnegada hasta alcanzar su descrédito. No lo consiguieron de la noche a la mañana. Tuvieron que esmerarse, pero ya lo han conseguido.

Por eso, tras haberse empeñado con tanto denuedo, sorprende el lamento actual por el éxito.

Hay detalles increíbles. Algunos ejemplos recientes:

La campaña de un periódico para erosionar en plena campaña electoral al partido al que las encuestas garantizaban la futura hegemonía en Cataluña. (El Mundo acumula méritos en este sentido).

La conversión de numerosos medios subvencionados por el Gobierno catalán en adalides de su estrategia electoral, alentando falacias que se han instalado en el subconsciente de la propia sociedad catalana. Aquí han participado periódicos, emisoras y cadenas con antigua reputación. La Vanguardia es el primero de los símbolos. Lo de TV3 viene de largo.

El expresidente Aznar afirmando en la presentación de su primer tomo de Memorias: “Siempre le he dicho (a Rajoy, presidente del Gobierno) que, excepto su mujer, la persona que más le desea éxito soy yo. Su éxito será el éxito de todos, será también de la alcaldesa de Madrid, de todos los presidentes, de Rodrigo Rato… y de Carlos Herrera”. Reconocimiento expreso a los méritos del periodista de cabecera, y no a su común afición a los puros. (Hay declaraciones de parte que se tornan irrefutables).

Son tres ejemplos que estos días han asomado para volver sobre un tema constatable a diario. En las últimas semanas, la crisis de El País, el medio de prestigio y referencia en España desde su fundación, ha simbolizado como ninguna otra el deterioro de los medios por obra y gracia de sus máximos directivos:

  • por fijar el afán diario en su reconocimiento como los nuevos Ciudadano Kane
  • por someterse a intereses y socios espurios
  • por priorizar el mercado frente al interés y al derecho de los ciudadanos
  • por convertir a los periodistas en un medio de producción más
  • por equiparar la calidad de sus contenidos al de sus promociones
  • por anteponer la venta de loza al rigor informativo
  • por obligar a los ciudadanos a desconfiar de los mediadores
  • por vender la información

Todo un plan, del que ahora se quejan quienes lo implantaron.

Larga vida.

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