Pedro Sánchez, el máximo dirigente del PSOE y candidato a la presidencia del Gobierno (o eso dice), se niega a acudir al plató de El objetivo para ser entrevistado por Ana Pastor. No hay quien lo entienda. Más aún descalifica a alguien dispuesto a asumir la réplica y la crítica como elementos imprescindibles de su actividad.

Resulta fácil de entender que alguien se niegue a ser entrevistado por quien, más que conocer el pensamiento del otro para que el espectador decida, pretende imponer el propio, porque el ejercicio periodístico entendido de ese modo se aproxima a una aberración.

Las hay mucho más gordas. A ellas no se negó el pulcro Sánchez.

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