Lo leo y me parece ridículo. Lo releo y me produce vergüenza. El Gobierno propone a las televisiones un nuevo código para informar sobre la violencia machista. Aún no hace cuatro años que llegó a un acuerdo con las cadenas privadas e impuso a las públicas una serie de normas sobre este mismo asunto. Entonces fue la vicepresidenta del Gobierno la institutriz, ahora la ministra de Igualdad. En aquella ocasión la iniciativa se justificó por el asesinato de una mujer que había comparecido días antes en un programa de televisión. En ésta, por un estudio de los muchos que se realizan en instancias universitarias con subvenciones oficiales y que constata que el problema permanece.

O sea, que como no aparece el remedio, se mira al mensajero y se le impone, según lo previsto por el nuevo código, que las informaciones al respecto duren entre veinte y treinta segundos, que comiencen de manera distraída, que se acompañen de datos relativos a las penas que pueden recaer sobre los agresores o acerca de los muchos que ya sufren por las cárceles españolas.

Como la estupidez no les parece suficiente, incluso proponen el texto conveniente: “Tras conocer la noticia, tanto el vecindario como las instituciones y autoridades han rechazado un condenado esta conducta machista” o “Un machista ha asesinado, presuntamente, a su pareja…”. Del estupor ya surge la ira. ¿Cómo se van a resolver de esta manera problemas tan preocupantes y graves?

En noviembre de 2007, cuando nos tocó recibir la prédica de la superior institutriz del convento gubernamental, las televisiones privadas ya habían aceptado la regañina y el corsé. Ahora se escandalizan. ¿Por qué esta diferencia? Entonces negociaban otros asuntos del máximo interés económico para ellas.

Sobre el asunto del que ahora se trata tomé algunas notas con las que rebatir los argumentos desde la posición de una televisión pública. No me hicieron caso, nosotros también pactamos.

Pero las notas, por obra y gracia de la informática, más que de mi memoria, permanecían en el disco duro. Al igual que otro texto escrito dos años antes, cuando trabajaba en una televisión privada:

VIOLENCIA DE GÉNERO Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Este es un problema de la sociedad en su conjunto. Y sólo se resuelve cambiando el modelo social.

Los medios contribuyen, simultáneamente, al problema y a su parcheo.

La televisión no es la única culpable

Desde esa perspectiva, se puede analizar el papel de los medios (y de la televisión) y cómo pueden influir en la solución del problema.

Desde el punto de vista de la televisión

INFORMATIVOS

  • La información da cuenta del problema y puede ayudar a dimensionar su gravedad. Pero contribuye poco a movilizar a la sociedad contra el problema.
  • La información que se hace o tiene un fuerte componente emotivo o responde a unos clichés preestablecidos o ambas cosas. Acostumbra a la gente a convivir con el problema: una lagrimita, un exabrupto y, cuando oyes gritos en casa de la vecina, silencio. No moviliza, paraliza.
  • Los criterios y decálogos elaborados están cargados de buenas intenciones, pero también de ineficiencia.
  • La información se sustenta la mayor parte de las veces en el morbo. La prensa rosa invade cada vez más los espacios de sucesos y tribunales. La información de tribunales se hace en función del morbo de las imágenes del suceso.
  • Se carece de modelos positivos. Tal vez sea difícil.
  • El medio (televisión) tiene muchas dificultades. Se pueden evitar errores, pero es mucho más difícil arbitrar soluciones.

Propuestas

Carecemos de instrumentos eficaces. Los códigos éticos no lo son: encorsetan la información, trivializan los casos y terminan por acostumbrar a la sociedad a estos episodios. Hay que ser sinceros con la sociedad. Esto es muy complicado. La sociedad es enferma. (Y las medidas arbitradas con Uteca, cuando menos… ridículas. Si alguien se conforma con eso, allá él).

Dicho lo cual:

  • Profesionalidad
  • Hay que buscar la comprensión del problema y la actitud crítica de la sociedad.
  • Cada información se debe plantear como si fuera la primera y la definitiva. Y eso requiere huir de las rutinas y los clichés preestablecidos.
  • En la medida de lo posible se deben evitar los elementos emotivos. Primar la narración periodística.
  • Hay que facilitar el debate profesional al respecto. Pero no sobre modelos teóricos sino sobre los hechos concretos: coberturas, informaciones, etc. Y hay que hacerlo fuera de las cadenas.

PROGRAMAS

  • La intimidad se ha convertido en espectáculo y en negocio de las empresas audiovisuales. Y la sociedad lo premia (véanse las audiencias de Diario de Patricia después del caso).
  • Los valores que transmiten muchos programas son aberrantes. ¿Es peor a medio plazo El diario de Patricia o Escenas de matrimonio (se trata del boom de audiencia)?
  • Las contrapropuestas (algún reportaje bienintencionado) son inútiles más que insuficientes.
  • No existe voluntad de corregir este rumbo.

Iniciativas a plantear con cautela

  • Criterios de actuación eficaces.
  • Incentivar un ámbito de debate profesional.
  • Responsabilidades penales para los casos extremos. El diario de Patricia no fue inductor del asesinato, pero ¿colaborador necesario? Una sentencia contra el director, la conductora, la productora o la cadena haría más que mil palabras.
  • Como la autorregulación es un sarcasmo, (Diario de Patricia se emite en horario infantil reforzado) y los criterios eficaces, una quimera…
  • Regulación. Órgano de control audiovisual. Pero, por favor, independiente y bien hecho. No, como… otras cosas que conocemos.


Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.