EL ASESINATO DE TROTSKY

286561-jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxNo es posible aludir a este noveno largometraje del cineasta catalán Antonio Chavarrías sin referirse, al menos, a dos notables precedentes cinematográficos: el filme de ficción dirigido en 1972 por el estadounidense Joseph Losey con el título explícito de El asesinato de Trotsky (The Assassination of Trotsky) y clara vocación espectacular, empezando por su reparto, encabezado por Richard Burton, Alain Delon y Romy Schneider, nada menos, y el excelente documental de Javier Rioyo y José Luis López Linares, Asaltar los cielos (1996).

En este, más que en aquel, se explican o tratan de explicarse las causas y circunstancias de carácter fundamentalmente político que llevaron a la muerte de uno de los grandes líderes de la revolución soviética, creador del Ejército Rojo y teórico de la llamada revolución permanente, ordenada por quien entonces ejercía ya de dueño absoluto y despótico de la supuesta patria del socialismo mundial, Iosif Stalin.

El hecho tuvo lugar el 20 de agosto de 1940 en la localidad mexicana de Coyoacán, donde el prófugo había recibido asilo y protección por parte del gobierno de Lázaro Cárdenas, y su ejecutor fue el joven comunista español Ramón Mercader, que, utilizando diversas identidades, como la de Jacques Mornard o Frank Jackson, y seduciendo a la también joven secretaria de Trotsky, Silvia Ageloff, se trasladó hasta allí con el fin de introducirse en el círculo íntimo de este y cumplir el mandato recibido.

233438-jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxTanto en su preparación técnica como en la decisión de asumir esa peligrosa misión, desempeñaron un papel decisivo la madre del propio Ramón, Caridad del Río, que acabaría siendo conocida como Caridad Mercader, y un comisario político ruso, aquí llamado Kotov, encargado de facilitarle los contactos, pero también de impedir que se desviase un milímetro de la línea trazada por el mando supremo.

Todos estos datos aparecen en El elegido, junto con otros inventados para la ocasión, aunque el guion y la película resultante se mantienen al margen de las cuestiones de fondo que animaron aquel acontecimiento y podrían explicarlo a los espectadores de hoy. Frente a lo apuntado por Losey y algo más desarrollado por Rioyo y López Linares en los filmes citados, Chavarrías opta por mantener las distancias respecto de su significado último y presentarlo como un relato de intriga hasta cierto punto aséptico, y por tanto ahistórico.

281452-jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxPero como el resultado de aquel proyecto criminal es sobradamente conocido y está bien documentado, el director y guionista de esta nueva aproximación tiene que distribuir el suspense entre varios detalles secundarios con tal de mantener la atención del espectador. Y, así, concede una importancia primordial a las relaciones entre Ramón Mercader y Silvia, corriendo el riesgo de convertir el conjunto en un relato básicamente sentimental. Con el agravante de que el personaje de ella –interpretado con excesivo candor por Hannah Murray– está poco desarrollado, reduciéndola a la categoría de jovencita ingenua y sin convicciones, salvo su adhesión voluntarista al viejo líder político y ahora escritor y teórico del socialismo, de cuya obra intelectual no se nos dice prácticamente nada. A pesar de que hay fuentes tan fecundas como la voluminosa trilogía biográfica escrita por Isaac Deutscher, El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado.

Algo parecido ocurre con las razones de la influencia que sobre Ramón Mercader –discreto pero algo inexpresivo Alfonso Herrera– ejercía su madre. Caridad, interpretada de manera solvente por Elvira Mínguez, aparece como 233438-jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxpoco más que un oráculo que emite sentencias apodícticas que son obedecidas ciegamente por su hijo sin que sepamos muy bien por qué, ni en virtud de qué relaciones interpersonales se produce esa total sumisión. Salvo que con ella quiera reflejarse el sometimiento con el que muchos militantes comunistas de aquellos años obedecían a las órdenes de Moscú, persuadidos de estar contribuyendo a la conquista del mundo por los trabajadores y la derrota del capitalismo internacional, cuando en realidad eran víctimas de la impostura de quienes habían convertido aquel ideal en un perverso mecanismo de dominación de aquellos a quienes prometían liberar.

Pero estos parecen demasiados vuelos para una película que se limita a materializar con relativa eficacia en la pantalla unos hechos mucho más relevantes que el tratamiento que aquí se les da. La eterna disyuntiva entre quedarse en recordar la Historia como mero pretexto argumental y tratar de interpretarla desde una perspectiva actual, por mucho empeño y medios de producción que se pongan en el intento, como en este caso.

 

FICHA TÉCNICA

Dirección y Guion: Antonio Chavarrías, sobre una historia de Antonio Chavarrías, Teresa de Pelegrí y Dominic Harari. Fotografía: Guillermo Granillo, en color. Montaje: Ernest Blasi. Música: Arnau Bataller. Intérpretes: Alfonso Herrera (Ramón Mercader), Hannah Murray (Silvia Ageloff), Elvira Mínguez (Caridad del Río), Henry Goodman (Leon Trotsky), Julian Sands (Kotov), Roger Casamajor (Carles Vidal), Emilio Echevarría (coronel Salazar), Frances Barber (Natalia). Producción: Alebrije y Oberon Cinematográfica (España y México, 2016). Duración: 125 minutos.

 

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