La mala leche y la socarronería de Buñuel ganan batallas treinta años después de muerto. Se pudo comprobar el sábado pasado, 7 de noviembre, en su propio pueblo, Calanda, con motivo del estreno del documental “Las Hurdes, tierra con alma”, que se proyectaba por primera vez fuera de Extremadura. 

Fachada del convento ahora convertido en centro cultural de Calanda.

El acto lo inició Isabel Barberán, primera teniente de alcalde, para presentar el documental y agradecer el apoyo del Gobierno aragonés para que el pueblo de Buñuel tenga un papel fundamental en el reconocimiento que la Comunidad de Aragón quiere prestar el director calandino. Luego, el director del documental, Jesús M. Santos, hizo una presentación somera (con testimonios grabados de los dos actores principales, Adriana Ugarte y Jimmy Barnatán) para ofrecerse a un coloquio tras la proyección.

Arrancó la película… Transcurridos cuarenta minutos (de los 62 del documental), la imagen comenzó a pixelarse. Un poco, cada algunos segundos; algo más, cada menos segundos; casi todo, a cada instante; todo, en todo momento. Hubo que suspender el acto y ofrecer explicaciones por lo imprevisto y anunciar que habrá otra oportunidad y, entonces, el coloquio anunciado. Los espectadores reaccionaron con comprensión y cariño. Los promotores, con perplejidad y pesar por la frustración provocada a todos los asistentes.

No había explicación. Se había probado la copia, se había probado el proyector, se había probado el sonido. Sin problemas. El equipamiento técnico de la sala es formidable. Allí se proyectan películas cada semana para la asociación cinéfila de Calanda. ¿Entonces? ¿La copia de bluray?  Se había probado y, porque funcionaba perfectamente, el resto de los materiales disponibles de reserva (cedés, dcps, archivos digitales, mkv, otros blurays… se descartaron y se quedaron en el alojamiento del equipo de producción. ¿Se deterioró la copia? Al día siguiente funcionaba perfectamente.

¿Entonces?

A la izquierda, la casa de la familia de Luis Buñuel, frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza.

En Calanda se producen milagros: tienen uno acreditado por el Vaticano e incluso por doctores ajenos a la santa madre Iglesia. Es un pueblo capaz de conseguir que fervientes cristianos y consolidados ateos celebren juntos y apasionadamente la Semana Santa. Que la gran festividad religiosa sea un ceremonial desinhibido y primaveral. Que todas las autoridades, de tres partidos políticos distantes y distintos, compartan bombos, tambores e incluso conversaciones amables. Y sobre todo que profesan admiración a los melocotones y a don Luis.

De vuelta a casa, hecho recuento del suceso, comprometida la reposición para un momento próximo, muy cerca de las cintas de vídeo apareció una araña enorme y peluda. Una de las obsesiones de Buñuel a las que se rinde homenaje en su Centro calandino.

 

Centro Buñuel de Calanda.

¡Fue eso! Treinta años después de muerto.

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