Políticos de muy diverso signo –un par de ellos de Ciudadanos, otro del PSOE, un ministro del PP– acudieron a Milán a presenciar la final de la Champions League invitados por el presidente del Atlético de Madrid. Avión y entradas. Ida y vuelta. Gratis total. Solo para gente VIP.

Pese a las numerosas fotos publicadas de políticos con amigos inconvenientes, los políticos atléticos no dudaron en incrementar el álbum. Les pudo la pasión y, en consecuencia, el agradecimiento; esto es, lo que pretendía el anfitrión.

Begona-Villacis-Ignacio-Aguado-Champions_EDIIMA20160530_0230_5Los dos concejales ciudadanos de Madrid –entre ellos, la que aspiró a ser alcaldesa– lo justificó como una atención amable debida a su cargo y a su representación. El del PSOE –el que fuera candidato a la alcaldía, luego venido a menos por sus malos resultados y sus discrepancias con el secretario general– restó importancia a la invitación, porque él es abonado del Atleti de toda la vida y esa condición convertía el convite, más o menos, en obligación. El del PP era, y todavía es, ministro de Justicia y, por ello, una vez publicada la foto en el estadio, trató de pasar de puntillas sobre el asunto.

CjxVxdoUUAA38MvLa invitación la había realizado Enrique Cerezo, anfitrión en su condición de presidente del Atleti, aunque su currículo desborde lo deportivo: por ejemplo, implicado en la oscura adquisición del ático marbellí de Ignacio González, el delfín, ahora varado, de Esperanza Aguirre; productor de cine que acapara los derechos de toda la cinematografía española que TVE acoge y paga con generosidad recalcitrante; gestor de numerosos negocios confusos de los que muchos sospechan y nadie denuncia. Bajo un aspecto de hombre rudo y campechano utiliza sus dotes y negocios para disfrutar de la amable acogida de los periodistas y del silencio de los medios sobre la trastienda de sus actividades.

574d2e2411f66.r_1464675881397.0-12-1006-530En esta ocasión los asuntos pendientes en los tribunales pusieron en evidencia al solícito ministro de Justicia, fotografiado en Milán, en día de grandes expectativas y nuevas frustraciones, en una situación de manifiesta incompatibilidad, de la que se ha escurrido. A su sombra, los demás prefirieron no enterarse de la torpeza que algunos medios señalaron; sin hacer sangre.

A fin de cuentas hay demasiados periodistas –directivos de medios o con pedigrí profesional reconocido– que han disfrutado en demasiadas ocasiones de esos mismos favores; por cuenta de Coca Cola, de Iberdrola o de cualquier otra empresa importante. Ellos también aceptan el convite como una atención que, faltaría más, merecen.

En eso radica precisamente el problema de unos y otros: en haberlo merecido o en tener que merecerlo.

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