Muchos medios pasaron el caso por alto. Otros le dieron pábulo y notoriedad. Aún más: algún crédulo (el que suscribe, por ejemplo) quiso sacar conclusiones estrambóticas del hecho. A día de hoy, aunque puedan hacerse conjeturas al respecto, nada de nada. Ni comisiones ni mamoneo ni reparto de bienes generales entre unos pocos.

La versión que hoy se ofrece del Gordo que toco en la sede del PSOE poco tiene que ver con la original. Porque el regalo agradecido de la lotera no fue tal, porque los cinco décimos de la discordia los repartió quien los compró y porque el nuevo relato es propio de novelas ejemplares.

El Gordo armó la gorda, sí, pero la responsabilidad no fue del PSOE (que bastante tiene con lo que tiene) sino de los medios de comunicación que ofrecieron una versión muy periodística, pero falaz, y de algunos militantes a los que traicionó la avaricia y, tal vez, los resabios de la organización. O eso parece ahora.

Como para fiarse…

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