Cuando el interlocutor reclama “ir al grano”, muchas veces solo pretende evitar la complejidad y los detalles. La conversación no se reduce a una suma de enunciados. Menos aún a un sí o un no.

Sin embargo, para que la conversación fluya, resulta imprescindible separar el grano de la paja. Cuestión de matices.

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