No, el error de Pedro Sánchez no estuvo en negar a Rajoy. Ni siquiera en que lo hubiera negado por tercera o sexta vez. Para eso tenía múltiples razones y por eso encuentra múltiples simpatizantes incluso después de sus desatinos.

3D No with Red Dices

El problema estuvo en no ser capaz de articular una alternativa que hiciera verosímil y también útil su no por triplicado o sextuplicado, rotundo, y en asumir su impotencia convocando con las manos vacías una ratificación que prolongara el tiempo para el que se sentía asignado.

Trató de sortear el asedio que le habían marcado sin dignidad. Eso le invalidó. No podía seguir al frente del PSOE. Cuando se pone el culo propio por delante, no es posible caminar de frente. Y en ese gesto final a Pedro Sánchez se le vio caminar detrás de su propio trasero.

La dignidad se puede ejercer en medio del asedio, incluso en el supuesto, cada vez más inevitable, de que haya que rendirse a la abstención. En ese momento, a quien corresponda habrá que exigirle que actúe con la fuerza de sus votos, los que tiene, pese a tanta torpeza y a situaciones tan repugnantes como las vividas en los últimos días.

no-1024x736El PSOE no estará nunca obligado a aceptar a Rajoy ni deberá renunciar, como contrapartida a su colaboración, a cambios profundos de partida: abolición de leyes repugnantes, medidas irrevocables contra la corrupción genovesa, cambios urgentes en algunas prioridades…. Y luego, a ejercer una oposición implacable que, desde el Parlamento, limite la pulsión castradora de la derecha que se ufana de su propia miseria.

Si no es así, el PSOE (y lo que es peor, la izquierda) habrán dilapidado su responsabilidad. Ese es el riesgo, más allá del calentón, el bochorno y hasta la indecencia de episodios impensables que han atravesado nuestra vida. En ese reto no deberían mantenerse al margen otros que, desde la izquierda, han mirado a las víctimas del acecho como si pertenecieran a un mundo ajeno o enfrentado al suyo. Está en juego lo que importa: sobre todo, las personas que más sufren esta sociedad de la desigualdad y, por ello, del desencanto.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.