TAMBIÉN LAS RAÍCES

502827.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxLa directora madrileña Icíar Bollaín lleva veinte años, desde su debut en el largometraje con Hola, ¿estás sola? (1995), construyendo tenaz y esforzadamente una filmografía que destaca por su sensibilidad, su atención a problemas sociales contemporáneos, entre nosotros o en otros lugares del mundo, y su compromiso con una postura transformadora de esas realidades, en la medida en que el cine puede contribuir a tan noble causa.

En 2010, Bollaín estrenó También la lluvia, una película sobre el rodaje de otra película en Cochabamba (Bolivia) mientras los campesinos indígenas luchan bravamente contra la privatización del agua en favor de una de esas empresas transnacionales dedicadas a depredar las riquezas naturales de tantos países débiles. Tras Katmandú, un espejo en el cielo (2011) y el excelente documental En tierra extraña (2014), en torno a la emigración de jóvenes españoles a Escocia, la cineasta presenta ahora El olivo, a partir de una historia creada por su pareja, Paul Laverty, guionista habitual también de Ken Loach, otro de los grandes maestros del llamado realismo crítico europeo.

236534.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEl nuevo filme muy bien podría titularse «También las raíces», ya que cuenta el arranque y compra de olivos milenarios por parte de grandes firmas, en este caso una empresa alemana comercializadora de energía, con graves daños para el medio ambiente, y que, además de colocarlo en el vestíbulo de su sede central en Düsseldorf, se permite la hipocresía de utilizarlo como logotipo pretendidamente ecologista.

La dimensión humana del relato viene dada por la aventura que decide emprender la joven Alma –pocas veces un término tan cargado de connotaciones místicas tuvo tanta carnalidad material y laica– al comprobar que la pérdida del árbol ha provocado el silencio hermético de su abuelo, primero, y hasta la negativa a comer siquiera, dispuesto a dejarse morir una vez roto el contacto con uno de los objetos a los que dedicó su vida de campesino.

410453.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxCiertamente, la peripecia de Alma, acompañada por dos personajes llenos de matices como su tío Alcachofa y su amigo Rafa, tiene más de épica idealizada que de crónica realista, pero ahí reside precisamente buena parte de su encanto. La joven sale a luchar contra gigantes, consciente de que será muy difícil vencerlos, pero convencida también de que el hecho de intentarlo constituye el mejor homenaje posible a la figura de su abuelo y lo que esta representa.

Porque El olivo está lleno de connotaciones de todo tipo. El padre de Alma decidió vender el árbol acosado por la crisis económica; Alcachofa pidió un crédito que no pudo pagar y se arruinó por completo, viendo cómo quienes tenían que abonar sus trabajos se enriquecían impunemente, 242941.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxdejándolo en la miseria; las nuevas fortunas amasadas a base de explotar a los demás exhiben impúdicamente la riqueza adornando los jardines de sus mansiones con ridículas reproducciones de la Estatua de la Libertad en escayola; las grandes firmas se acorazan en edificios protegidos por fuerzas de seguridad públicas y privadas… Y puede decirse que cada elemento presente en el argumento y las cuidadas imágenes de la película, por insignificante que pueda parecer a primera vista, está cargado de intenciones esclarecedoras para quien quiera contemplarla con la misma frescura que sus autores han puesto al construirla.

Así, El olivo empieza como una crónica familiar intimista, continúa como una peripecia con aires quijotescos y desemboca en una clara referencia a movimientos de indignación ciudadana como nuestro 15-M y similares. Con el matiz, nada casual, de que esa especie de doble final que constituye el desenlace, y que podría dar la impresión de ser superfluo, es en cambio necesario para imprimir algo de esperanza tras una descripción desoladora, aunque ese hálito de esperanza se confíe… a otros dos mil años, como los que tenía el olivo arrancado de su tierra y del corazón de quienes lo cuidaban amorosamente.

Mención aparte merecen, tanto el equipo técnico del filme como sus intérpretes, encabezados por una Anna Castillo espléndida, que recuerda insistentemente a la Icíar Bollaín actriz en sus primeros tiempos, secundada con eficacia por Javier Gutiérrez y Pep Ambròs, con la figura fundamental del abuelo Ramón al fondo, encarnado a la perfección por ese descubrimiento no profesional que se llama Manuel Cucala. Un auténtico trabajo colectivo, que merece toda la atención del público que quiera reflexionar sin aspavientos pero con genuina emoción sobre el país en que vivimos.

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Icíar Bollaín. Guion: Paul Laverty. Fotografía: Sergi Gallardo, en color. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Música: Pascal Gaigne. Intérpretes: Anna Castillo e Inés Ruiz (Alma), Javier Gutiérrez (Alcachofa), Pep Ambròs (Rafa), Manuel Cucala (Ramón), Miguel Ángel Aladren (Luis), Carme Pla (Vanessa), Ana Isabel Mena (Sole), María Romero (Vicky). Producción: Morena Films, The Match Factory (España y Alemania, 2016). Duración: 98 minutos.

 

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