Concluye el debate de investidura de Pedro Sánchez. No, en la primera votación, que requería mayoría absoluta. No, en la segunda, que se conformaba con una mayoría simple. En ninguno de los casos superó los 131 escaños, los del PSOE más los de Ciudadanos y, en esta oportunidad, el de Coalición Canaria . En contra, todos los demás: 219

20160304-635927148425581175_20160304190523-kRp-U40198568239fzC-992x558@LaVanguardia-WebVuelta a empezar, ahora con un límite para evitar  nuevas elecciones: el 2 de mayo, . ¿Cabe alguna posibilidad de solución?

El camino está minado de afirmaciones tajantes, de principios inmutables y descalificaciones hirientes. Más propias de guerras de religión que de la política que solo aspira a “mejorar las condiciones de vida del ciudadano común”, que dijo Tony Judt.

Pedro Sánchez planteó a Pablo Iglesias una caricatura en términos similares: “Aunque no asaltemos los cielos, saquemos a España del infierno en el que nos ha metido el PP”. O sea, vino a decir, negociemos las condiciones del purgatorio para hacerlo llevadero y transitorio. (Harto complejo, si lo del purgatorio fuera cierto).

En esta tesitura, entre objetivos próximos a la religión o la fe, el acuerdo se antoja imposible. Un dogma frente a otro sólo anuncia la confrontación y la guerra. La ortodoxia no sirve para el pacto, para la flexibilidad, para el acuerdo.

artur_barrio_millian_f_004Tiempo, pues, para heterodoxos. Ellos han contribuido decisivamente a lo largo de la historia al progreso de la humanidad. Se hicieron imprescindibles. Hoy vuelven a ser necesarios: no para imponer nuevos dogmas, sino para someter a discusión principios consolidados en el ámbito de la política sino para adaptar su práctica a lo posible, porque sea así lo conveniente.

Hace algunas semanas Carlos Jiménez Villarejo escribió el preámbulo de la decisión que hoy ha adoptado: su salida de Podemos. Sus conclusiones son discutibles, la decisión política que ha adoptado, también. Sin embargo, su actitud crítica tal vez aporte la única vía para salir de este tremendo atolladero. Hacen falta disidentes, iconoclastas, críticos, heterodoxos.

¿Dónde están? ¿Los reconoceremos?

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