Abogo por que al pequeño Fran, Francisco Nicolás o como se llame, dada su condición esencialmente polifacética, polimórfica y polisémica, se le declare especie a proteger. Es liviano y minúsculo, se le podría conservar en un recipiente reducido, sin ocupar excesivo espacio, y serviría como alegoría de este tiempo de golfos y truhanes.

Proteger a sus maestros resultaría mucho más peligroso. En primer lugar, porque éstos se aprovechan de los más débiles, robándoles, despreciándoles, abusando de su estatus y su poder. Y porque tratarían de sacar la cabeza del tarro para volver a hacer de las suyas comprando voluntades, corrompiendo, imponiendo normas e ideas.

Por el contrario, al pequeño Fran se le podría permitir algún permiso, siquiera de fin de semana, para demostrar que el pícaro solo lo es porque se enfrenta a alguien más poderoso que él. Por necesidad o por juego. Y además, suele perder. A ratos divierte, porque desconcierta a los que le pueden. Y en el peor de los casos, pese a su megalomanía, hace muy poco daño.

¿En qué orden llevaría usted al trullo, si fuera menester, a los arriba fotografiados? Pues por delante de estos hay otros muchos.

Conczlusión: el pequeño Nicolás, un prenda. Solo eso.

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