– Eres la única persona que conozco que aún lee el periódico en papel.

Se lo dijo María Jesús y no pudo rebatir su afirmación. Matizó:

– Solo los fines de semana. El resto de los días utilizo la versión digital del periódico impreso.

Explicó que la estructura del diario no la han mejorado los formatos on line, que la organización de los contenidos no solo es más clara sino que también ofrece una mejor jerarquización de las noticias, que todavía la prensa clásica aporta una visión más compleja que la digital y que, sí, seguía comprando El País porque se ha acostumbrado a una sociedad que obliga a elegir lo menos malo.

Al día siguiente recuerda la conversación mientras hojea el periódico. Siempre defendió la prensa escrita por su condición multiusos. Frente a quienes la sacralizaban, comparándola con El Quijote, o poco menos, aprendió a leer a escondidas, casi a oscuras, en el wáter de la casa de su abuela donde el ABC, desgrapado y recortadas sus páginas por la mitad, colgaba de un gancho sujeto a la pared. Para, llegado el momento, limpiarse el culo.

Tal vez por eso, más tarde, le pareció deseable que se utilizara el periódico para envolver bocadillos que impregnaban parte de la grasa del chorizo sobre la tinta seca; quizás no fuera muy higiénico, pero en aquellas épocas se desconocía el papel de aluminio, que tampoco parece un hallazgo ecologista. También le parecía digno convertir el papel de periódico en la horma de los zapatos que luego se apretaban en el interior de la maleta. Luego aprendió de un hermano que el papel de periódico era un formidable absorbente del calor residual de la paella en su fase de reposo, inmediatamente después de retirarla del fuego. Y otras muchas.

Tras la conversación con María Jesús, tras analizar la situación de los medios impresos e incluso del periodismo en general, comprendió que aún hay opciones no exploradas. Por ejemplo, la utilización del periódico en papel como mortaja, como el ropaje exclusivo de los cuerpos abocados al crematorio. Otra metáfora, pensó: el periódico como envoltorio de un cadáver, como el ropaje definitivo del muerto.

Decidió incluir su voluntad en el testamento. Final de un ciclo, de una historia circular.

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