Nos queda Extremadura, grité, insomne, en la medianoche del domingo. Al día siguiente el máximo dirigente de IU en la región me desveló: no sabía si apoyar al PSOE o dejar gobernar al PP, porque, a fin de cuentas, a santo de qué iba a acudir al rescate de una formación que ha acumulado errores hasta merecer este castigo; sé, decía este buen hombre abrumado, que tengo un marrón, si hago una cosa me la reprocharán y si la otra también.

– Y tiene toda la razón.

– Pues yo creo que el problema debería plantearse en otros términos: ¿qué decisión favorecerá en mayor medida a los extremeños más desprotegidos?

– Como tenga que resolver ese enigma se suicida.

– No será para tanto.

– Se dará cuenta de que su esfuerzo resultará inútil y, entonces, para qué acudir a la Asamblea?

– Visto así… ¡pobre hombre!

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