El propio autor reconoce que su última novela implica un cambio de registro, una vuelta a la pura ficción de sus primeras novelas y una incursión en un género, el policíaco, no solo ajeno a sus trabajos anteriores sino también con reglas contrarias en muchos casos a la introspección que este escritor había convertido en norma en sus trabajos más recientes.

Se trata, no cabe duda, de una decisión personal y literaria inobjetable, aunque los seguidores del autor, incluso los que se preguntan si el giro emprendido no es sino la consecuencia o el peaje del premio al que aspiraba, encuentren elementos que identifican su ética y su estilo: la complejidad y las contradicciones como elementos consustanciales del ser humano y de la sociedad en su conjunto o las relaciones permanentes entre realidad y ficción, en este caso a través de las constantes referencias entrs los protagonistas y los personajes principales de Los Miserables.

Este preámbulo introduce una reflexión acerca de la última novela de Javier Cercas, Terra alta, premio Planeta de este año e investida, por tanto, con las dudas literarias y las certezas económicas que el galardón conlleva.

No se puede negar el afán del escritor extremeño-catalán de ofrecer una obra digna, que desborde lo policíaco, que ahonde en la compleja personalidad de los protagonistas, que huya de los esquemas y se desarrolle a través de una prosa directa a la búsqueda de un lector masivo, de una narración fluida, de referencias nítidas al territorio en el que transcurre la acción, a hechos y problemas recientes y de un planteamiento que no excluye la introversión.

A lo largo de la lectura se tiene la sensación, al menos en ocasiones, de que Javier Cercas ha escrito Terra alta con más prisas de las que acostumbraba. Para compensar ese riesgo, una vez desactivada la intriga inicial, la narración gira para dotar a la novela de mayor ambición. Resuelto el caso policial, la atención se centra en la intimidad del principal protagonista, marcada por lugares concretos y situaciones límite en un entorno oscuro. En ese cierre añadido se encuentran, tal vez, los mejores momentos de la novela, precisamente en el tiempo y el espacio en el que la trama central ha pasado a mejor vida.

Pese a todo lo dicho, cabe advertir al lector de la neutralidad de este análisis, porque, cuando del Planeta se trata, los recelos se imponen y, de ese modo, la mirada se contamina con determinados prejuicios; máxime, cuando el autor acude con el aval de una trayectoria irrefutable. La buena literatura no se compra, pero de ese aserto no se desprende que la pura y cuantiosa retribución económica niegue por sí misma la existencia de una buena novela.

Poco después de que Terra alta llegara a las librerías, Javier Cercas recibió el premio de periodismo Cuco Cerecedo, un galardón con prestigio, aunque sin remuneración. En el discurso que pronunció con tal motivo explicó que sus colaboraciones en periódicos, sin considerarse él periodista, “me empujó a intentar decir las cosas más complejas de la forma más transparente y directa posible, y me ayudó, en definitiva, a tratar de escribir los libros que siempre he soñado con escribir: libros fáciles de leer y difíciles de entender; libros que, como los mejores que conozco, cualquier lector de buena fe puede disfrutar a fondo y sin tropiezos, pero que, al mismo tiempo, ni el lector más concienzudo o exigente puede agotar del todo, sencillamente porque son inagotables, porque nunca acaban de decir aquello que tienen que decir, como escribió Italo Calvino de los clásicos”.

¿Responde Terra alta a esos criterios? La duda es pertinente solo porque Cercas se había puesto el listón de la complejidad y la transparencia, de la fácil lectura y el difícil entendimiento, de no acabar de decir lo que se tiene que decir… muy alto.

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