Cataluña ya tiene un President decidido a liberarla del yugo de los invasores, según la expresión utilizada por el propio Carles Puigdemont. Un gobierno avalado por Junts pel Sí y la Cup, tras un proceso negociador que ha puesto a todos los actores en evidencia. Sólo Esquerra se salva: de ella se puede decir que no engañó a nadie que no tuviera razones para haberse desengañado antes. La Convergencia de Pujol y Mas ha defendido sus intereses aún a costa de la sociedad que quiere representar. La CUP ha dejado atónitos a quienes seguían sus movimientos con la benevolencia que merecen las intenciones que proclaman y con interés, por su singularidad.

puigdemont-asegura-que-hoja-ruta-sigue-inalterable-1452450967621Al final se percibe que este procés previo al procés definitivo ha sido, simplemente, una estafa general. Y como ni Esquerra ha decepcionado ni Convergencia podía decepcionar, la decepción se sitúa en el ámbito de los alentaban una profunda transformación de la sociedad.

La CUP ha resuelto la negociación en estos términos. Dos diputados suyos se pasan al grupo del gobierno de Junts pel Sí, mientras los otros 8 asegurarán, como mínimo, con su abstención las decisiones de dicho gobierno cada vez que procés se sienta en peligro. (En concreto, eso hace inviable, por ejemplo, la creación de una comisión de investigación sobre el uso de los fondos públicos de la Generalitat durante los últimos años de corrupción galopante. ¡Qué avance!). Para que no quedaran dudas sobre el compromiso de la CUP, ocho de sus diez diputados apoyaron la investidura de Puigdemont.

Un compromiso, por tanto, hasta el fondo con las políticas que puedan exigir, por ejemplo, la Unión Europea o el gobierno español que, todavía, a estas alturas, maneja claves y fondos decisivos. Y un compromiso muy barato que evalúa el valor de los principios fundamentales de la CUP: de los 6.000 millones de euros que reclamó al inicio de la negociación para el plan social solo ha conseguido la promesa de 270. ¡Un 4,5 por ciento! ¿Eso satisface la voluntad transformadora de la Unidad Popular? ¿Es ese su valor? ¿O es tan solo su precio?

Captura de pantalla 2016-01-10 a las 22.39.46Hasta llegar aquí, la CUP se basaba en dos elementos fundamentales: su oposición frontal a las políticas de derechas (o mejor, al sistema capitalista) y su apuesta por la democracia directa. Luego incorporó un tercero, aunque algunos de sus militantes lo asumieran con pesar: su apuesta por la independencia de Cataluña. Este último elemento colisionó con el primero y puso al descubierto que podían ser contradictorios. De hecho, algunos militantes anunciaron una escisión, si el movimiento respaldaba a quienes acometieron recortes sociales tan graves como la corrupción que alentaron, y otros anunciaron en una fase posterior su renuncia por el desplante al gobierno secesionista de Mas. A partir de ahí hubo marcha atrás o, tal vez, el tren se puso en dirección contraria. ¿Por qué estos vaivenes? ¿Qué son? ¿A dónde van? ¿Qué quieren? ¿A qué obeden?

A la CUP le quedaba como baluarte la legitimidad emanada de la democracia directa, el más democrático de los procedimientos, según algunos, pese a su fundamentación romántica y a su práxis mucho más dudosa y equívoca. Sin embargo, los últimos movimientos de la CUP han sido un alegato por la vía de los hechos contra la democracia directa. Unos pocos deciden que determinados diputados electos deben irse del Parlament, que algunos deben integrarse en un grupo completamente ajeno a ellos mismos (se supone), que otros han de acatar comportamientos que nadie ha votado, y hasta se da el caso del que fuera cabeza de lista que, después de reconocer el fracaso del plebiscito y después de renunciar a su escaño porque no se sentía legitimado por el movimiento, ha decidido poner su continuidad en manos de una formación distinta a la suya.

cat-revistarambla-11¿Los diputados electos se deben al partido o a los electores? ¿Depende de cómo hayamos dormido cada noche o del viento que sople al amanecer? Hay zonas en las que la tramontana causa estragos…¿Quién decide en ese movimiento: la asamblea, un comité, un grupito? De todo ha habido.

Lo más patético e ininteligible, pese a todo, quizás haya sido la autoinculpación de la CUP por sus errores, por sus dudas, por sus demoras, por… su autocrítica. ¡Qué connotaciones tiene esa expresión cuando procede del radicalismo de izquierdas! Recuerda también la sordidez de algunos regímenes. Por el momento, esconde el nombre de las víctimas. Esperemos.

En cualquier caso, ¿a qué viene esa solicitud de perdón? ¿Por la decisión final? ¿Por la anterior? ¿Por la precedente? ¿Por todo? ¿Por cuando dijeron que no? ¿Por cuando dijeron que ya veremos? ¿Por cuando dijeron que sí? ¿Por cuando dijeron que bueno? ¿Por cuando simplemente dijeron? ¿Por proponer a quienes no debían? ¿Por retirar a los que pusieron? ¿Por hacer y deshacer sin explicar? ¿Por qué?

La izquierda que en su actividad política renuncia a la pedagogía, porque prefiere encomendarse a una vanguardia iluminada, corre el riesgo de acabar reproduciendo regímenes que es mejor no mentar. Cuando no se reconoce la ley o se renuncia a modificarla mediante el acuerdo y la mayoría, hay que ponerse alerta: la sombra del totalitarismo acecha.

DV2207663_20160110174936-k9zG-U30131206392411F-992x558@LaVanguardia-WebMientras todo esto echa humo, el anterior líder la CUP y la actual número dos (o uno, según se mire) del actual grupo parlamentario se unen a la izquierda abertzale en Bilbao para manifestarse a favor de los presos etarras. Aunque haya muchas razones, legales y políticas, que las hay, para sustentar esa reclamación, quienes quieren asumir responsabilidades públicas deben hacerlo con mucho tiento: ¿Se manifestarán, por ejemplo, a favor de los derechos de las fuerzas del orden que en algunos momentos se excedieron de manera evidente en movilizaciones convocadas por ellos mismos?

Este lío resulta inabarcable.

Alguien ha venido a desenmarañarlo, el mártir Artur Mas. No se puede decir más claro: «Hemos logrado lo que las urnas no nos dieron”.

En definitiva, en Cataluña se inicia una andadura que las urnas no apoyaron. ¿Dónde radica, entonces, el aval democrático de este proceso?

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