La Serranía Celtibérica ya no es solo un espacio cartografiado de la piel de toro o el objeto de una reivindicación contra la despoblación de un territorio áspero, despoblado y desamparado. Es también un símbolo que reconoce una identidad y se construye sobre un relato para confundir la realidad y su imaginario. Quizás haya que atribuir ese recorrido a Francisco Burillo, catedrático de prehistoria en la Universidad de Zaragoza, investigador de la despoblación del mundo rural, y a su hija María Pilar, también investigadora y persona clave en la elaboración de la cartografía del territorio. En todo caso habrá que reconocérselo a Paco Cerdà, periodista, escritor, autor de Los últimos. Voces de la Laponia española (Petitas de calabaza, 2016) y, sobre todo, a los personajes que descubre y que aún pueblan un lugar abocado a la pérdida y, por ello, al recuerdo.

Los últimos se puede leer como una serie de reportajes en torno a un mismo territorio y alrededor de un hecho común que se repite en cada uno de los capítulos. Se mire como se mire, a ese mapa lo define un hecho: la densidad de población se resume un una cifra de habitantes por kilómetro cuadrado que no alcanza la decena. A partir el dato sociológico Paco Cerdà ha levantado un gran reportaje de buen periodisdmo sobre el que se construye y se sustenta un lugar no solo real sino también simbólico. La reflexión y el relato literario, a través de personajes entrelazados y sucesivos, acuden en auxilio del peor de todos los males que se ciernen sobre el mundo rural.

Ese riesgo lo señala, dentro del propio libro, Moisés Salgado, un hombre de la tierra que ahora ejerce como prior de Silos: “Me preocupa que los pueblos pierdan su alma. Eso es lo más peligroso. Pero es inevitable, porque la uniformidad de los mensajes va cambiando el alma de todos los lugares”. Los bastiones de la resistencia que Paco Cerdà explica la destrucción en marcha de la ruralidad perdida y, sobre todo, la irreversibilidad de ese derrumbe: queda lo que se fue.

Este relato busca en el vacío con el deseo de encontrar todavía personajes que ayuden a comprender la pérdida del mundo rural, espacio y tiempo, que esta sociedad ha alentado; la que desestimamos cuando el abandono abocó a la soledad a los lugares que ofrecían la posibilidad de una relación entrañable del ser humano con la naturaleza. El autor se apoya en un excelente ejercicio periodístico y en personajes dibujados con breves pinceladas que aportan veracidad y naturalidad.

Paco Cerdá ha viajado por la Serranía Celtibérica (espacios de Castilla y León, Castilla la Mancha, Aragón, La Rioja y Comunidad Valenciana), ha recabado documentación, ha observado y en su ejercicio periodístico –un oficio que indaga sobre lo que ocurre– ha encontrado el abandono, la pérdida, la soledad; el vacío. Tal vez esa paradoja impida huir de la melancolía.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.