Cuando a las cosas no se las llama por su nombre, cuando las palabras esconden los hechos, cuando la retórica forma parte del conflicto, la conversación se torna imposible. Y en esas condiciones, ¿cabe la posibilidad de diálogo?

¿Habrá que empezar por acordar un diccionario?

La conversación sobre Cataluña encalla en la ausencia de ese diccionario común, que defina los conceptos fundamentales de la convivencia.

Hace un par de días alguien criticaba, por abusiva e incluso inexplicable, la condena de los Jordis. No se trata, explicaba, de políticos o de personas partidistas, sino gentes al frente de instituciones que propugnaban la cultura, la identidad, la convivencia.

La nueva presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, ha venido a aclarar algunas ideas: la violencia beneficia a la expansión del conflicto catalán, al menos, fuera de las fronteras españolas.

¿Entra esa proclama en el concepto pacifista?

Tráigannos un diccionario… para ver si, luego, podemos hablar para, si es posible, entendernos y para, en última instancia, acordar algo. Por ahí habrá que empezar el diccionario. Por la A, la B, la C…

Cerca de la presidenta de ANC, un candidato de la CUP ha comentado sobre los enfrentamientos de los grupos violentos con la policía: «Supongo que se dieron empujones».

Nos podemos ahorrar el diccionario. No servirá de nada.

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