Xavier Vidal-Folch describe en Pocos bancos y gigantescos el parto de la nueva realidad bancaria española. Una situación que él sintetiza en las dos palabras finales de su escrito: “Un escalofrío”.

No sorprende que se haya querido así. Sorprende que se haya hecho así. Quizás alguien entendió que la competencia debía ser otra cosa, que los oligopolios, sobre todo en el ámbito financiero, son un disparate tan grande como el propio sistema financiero que nos corroe.

Pues bien, aquí está el invento: “Alemania se queda con unas 600 entidades financieras. España tendrá una decena, a lo sumo”. Los activos de los tres primeros bancos españoles equivaldrán al 106% del PIB.

O sea, han decidido subir a España entera, con algunos inmigrantes incluidos, a bordo del Titanic.

¡Se acabaron las penas!

¿Quién engendró esta idea?

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