«La vida inesperada. Jorge Torregrossa, 2013 

Segundo largometraje de su autor, después de aquella producción tan amaneradamente estadounidense que fue Fin (2011), de una nutrida relación de capítulos de diversas series para televisión y de varios cortos –alguno de ellos rodados en aquel país, donde estudió cine– que mostraban una clara tendencia al esteticismo, llega ahora La vida inesperada, de la mano de su guionista y coproductora, Elvira Lindo. Y llega cargada de expectativas, que a mi juicio se van desinflando poco a poco, a medida que avanza trabajosamente lo que primero parece una comedia de costumbres y después se adentra en los terrenos del drama sentimental, volviéndose, contra lo que promete su título, demasiado previsible.

La historia de Juan, un pobre diablo que emigró hace diez años a Nueva York, soñando con convertirse en un gran actor, y ha acabado representando obras de repertorio en español en una sala ínfima, además de servir copas en un bar, dar clases de cocina sin saber cocinar y otras ocupaciones parecidas para pagarse el pequeño espacio en el que habita y poder sobrevivir sin tener que explicarle a su madre el fracaso de su aventura, parece constituirse en una crónica amable pero lúcida de la penuria que sufren los emigrantes españoles en una gran ciudad.

La llegada del primo con pinta de triunfador –aunque nunca quede claro si en realidad lo es o no– da a entender que va a producirse un choque entre dos formas de afrontar la vida, o de padecerla, en circunstancias tan extremas, y que asistiremos a un desenlace inesperado, con un amplio abanico de posibilidades.

Pero pasan los minutos, las situaciones se repiten con muy pocas variantes, la mayoría de los diálogos parecen escritos para ser leídos, no dichos, e inspirados en esa fiebre de los monólogos cómicos televisivos que tanto daño ha hecho al sentido del humor, y resulta que el único personaje que adquiere verdadera consistencia y atractivo es el de la madre de Juan, que sólo aparece en la pantalla del ordenador cuando se empeña en hablar con su hijo por skype…

Entre tanto, demasiados tópicos, demasiados primeros planos con una molesta tendencia a desencuadrar o desenfocar alternativamente parte de su contenido, algún homenaje demasiado visible a Woody Allen, Edward Hopper y otros iconos contemporáneos, y poco más. Nada especialmente rechazable, desde luego, pero que no satisface, cuando resultaba tan interesante asistir a una visión de la emigración a Estados Unidos realizada desde el país de origen, y no desde el monstruo que todo lo devora y asimila.

Por otra parte, Raúl Arévalo no confiere mucha convicción a su personaje del primo, Carmen Ruiz sobreactúa en las escenas teóricamente más emocionantes y Javier Cámara sigue sin lograr desprenderse del lúgubre aspecto de payaso triste que le han endosado sus colaboraciones con Pedro Almodóvar. Y, por si faltaba algo, la versión española del filme contiene un error garrafal. Rodado en inglés, al doblarlo sólo se ha respetado el acento argentino de unos personajes muy secundarios. Los demás hablan un español corriente y sin matices, de manera que cuando asistimos, por ejemplo, a la degustación de paella por los yanquis en una terraza de Manhattan, tenemos la impresión de encontrarnos en Moratalaz o en otro barrio cualquiera de Madrid.

Magro resultado para una coproducción hispano-estadounidense pero en la que el componente español es tan determinante que nos habría gustado poder incluirla entre nuestras cerradas defensas del cine hecho aquí y por cineastas de aquí. No es el caso, lamentablemente.

 

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Jorge Torregrossa. Guion: Elvira Lindo. Fotografía: Kiko de la Rica, en color. Montaje: Alejandro Lázaro. Música: Lucio Godoy y Federico Jusid. Intérpretes: Javier Cámara (Juan), Raúl Arévalo (primo), Carmen Ruiz (Sandra), Tammy Blanchard (Jojo), Sarah Sokolovic (Holly), Gloria Muñoz (madre), Julia Murney (Lisa), Juan Villarreal (Claudio). Producción: Ruleta Media y Bullet Pictures (España-Estados Unidos, 2013). Duración: 108 minutos.

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