El ministro del Interior, en plena desavenencia, monta el número de Lolita, la perra del ministro acomodada en el asiento de un avión o un ave. Este hombre, tan conservador como aparentan sus moldeables convicciones religiosa, pillado en un renuncio, se vio ridiculizado por culpa de una perrita que la contraparte no aceptó como bien ganancial. El litigio continuará en Barcelona, en Madrid o en Tarancón.

Un colega, el último exministro de Rajoy, ha aprovechado el tiempo libre tras el cese para, en plena avenencia, comprometerse con la persona que él eligió como de máxima confianza en el ministerio (la vista del avispado). El hombre y la mujer que hicieron cuanto pudieron contra la enseñanza pública o la promoción cultural, aparte de embroncar la relación con Cataluña, han emprendido vida nueva, con hábitos viejos o enseñanzas aprendidas a su paso por el Gobierno y por Génova. Para casarse eligieron un lugar ilegal y un oficiante imputado.

Dios es comprensivo.

En los malos y en los buenos momentos.

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