La economía forma parte del eje de la política. Es tanto un objeto central de la acción pública como un condicionante decisivo. Entender lo que ocurre en este ámbito siempre complejo, necesitado de matizaciones y sobrado de apriorismos, resulta imprescindible para quienes desean participar activamente en los asuntos comunes. Por ello hay datos que conviene tener a mano. Como estos que se refieren a las grandes líneas de la evolución de crisis hasta la recuperación que llega, aunque no se note.

  • Los costes laborales unitarios (CLUs), “una medida habitual para conocer la competitividad por salarios de un país”, se habían disparado en España. En otros momentos para compensar esos desequilibrios se acudía a la devaluación de la moneda. Con el euro todo cambió. La financiación resultaba más barata, pero la pérdida de competitividad frente a los alemanes, por ejemplo, se convertía en una escalada constante.
  • La legislación española estaba pensada para proteger al cabeza de familia. Los cambios en la legislación laboral introdujo la flexibilización, que dejó a los temporales en el quicio del despido, lo que afectaba, sobre todo, a jóvenes y al personal poco formado.
  • Para colmo llegaron las rebajas salariales, antes incluso de la reforma de 2012; era la contrapartida a la devaluación imposible o la manera de compensar los desequilibrios que antes se resolvían mediante devaluaciones. La Encuesta de Población Acriva, que divide a los trabajadores en diez grupos según ingresos, revela que entre 2008 y 2015 el sueldo del 10% que menos gana pierde un 15% frente al 5% que deja la franja intermedia. En claro contraste el 10% más alto mantiene su poder adquisitivo.
  • Con 1,9 millones menos de ocupados, la remuneración total de los asalariados ha descendido con la crisis un 12% descontando la inflación.
  • El grueso de la pérdida de ingresos se halla en los parados.
  • La cuantía de la pensión media restando la inflación ha subido un 16,5%. Cada vez hay más jubilados y los nuevos cobran una prestación más alta porque ganaban más.
  • Alemania que pasó por un trance similar a raíz de la reunificación ajustaron salario a los que trabajaban en lugar de despedir y forjó una concertación social en la que los gastos de Estado de bienestar no se disparan, se pone a trabajar al máximo número de gente y los sindicatos promueven la moderación retributiva.

 

  • Las rentas de trabajo han perdido peso en el PIB. En 2008 representaban el 50%, frente al 41,3% de las empresas y el 8,8% de los impuestos. Con datos del primer trimestre de 2017, el reparto es del 46,9% para los asalariados, el 42,8 % para las empresas y el 10,2% para los impuestos.
  • El ajuste no llegó solo por los recortes de los puestos de trabajo (1,9 millones), que mejoraron la productividad, sino que también tocó los sueldos. La bajada del precio del petróleo y el descenso de los costes financieros contribuyeron a la salida. El gobierno presionó sobre los costes laborales, abaratando el despido y facilitando bajar los salarios. Entre 2008 y 2014 la pérdida del poder de compra, una vez descontada la inflación, alcanzo el 9%.
  • El PIB per cápita no se recuperará hasta finales de 2017 o comienzos de 2018. Y la renta disponible per cápita tardará todavía más.
  • La desigualdad se acusa especialmente entre quienes han mantenido el puesto de trabajo y quienes lo perdieron. Pero la desigualdad entre los asalariados también sigue creciendo.
  • La desigualdad se halla también en las condiciones de los contratos. El 60% del empleo generado en la recuperación es temporal. Y el número de contratos mensuales alcanza cifras récord, lo que significa que hay mucha más rotación en el trabajo. Y otro elemento es el abuso del tiempo parcial no deseado.
  • Entre 2014 y 2016 solo el 11% de los puestos creados han sido ocupados por personal con formación baja, entendida como inferior a la secundaria. Y ello a pesar de que este tipo de mano de obra supone el 38% de la población activa. Así que la formación desempeña un papel decisivo en la desigualdad, en un contexto en el que la tecnología reduce el empleo poco cualificado y aumenta el cualificado.

(Estos datos han sido recogidos de dos informes firmados por Antonio Maqueda (El ajuste se centra el los sueldos bajos y El PIB crece pero no se nota tanto) y publicados recientemente en El País.

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