Para hablar de algunas cuestiones resulta necesario pedir previamente perdón. Lo políticamente correcto conduce con frecuencia a la estupidez. ¿Poner de manifiesto la complejidad de un problema es un requisito imprescindible para tratar de resolverlo? A lo que parece, no.

Hay personas e incluso organismos muy respetables que promueven una sociedad en estado de infancia mental, bajo aquel lema que recopiló Joan Manuel Serrat, «¡niño, deja de joder con la pelota; eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca!».

A Josep Borrell le han llamado al orden la Comisión Europea y el Gobierno español por una expresión irónica, aunque no descabellada. El alto representante para la Política Exterior y Seguridad Europea osó hablar del síndrome de Greta para referirse a los movimientos juveniles que impulsan la lucha contra el cambio climático, advirtiendo que “está muy bien salir a manifestarse por el cambio climático hasta que no te pidan que contribuyas a pagarlo”.

Negar el proceso de degradación ambiental acarreará peores consecuencias, las medidas necesarias para corregir la degradación provocada resultan imprescindibles… ¿Pero gratis?

 

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