DE LA CRISIS A LA NADA

319123.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEmpujado por la crisis económica de 2008, a la que él mismo había contribuido deslocalizando empresas y despidiendo empleados a mansalva, el bostoniano Alan Clay es enviado en su nuevo empleo a Arabia Saudí para vender al rey un innovador sistema de comunicaciones mediante hologramas, a los que hace referencia el título original de la nueva película del prolífico y generalmente impersonal cineasta de origen alemán Tom Tykwer.

Esperando al rey recurre al manido esquema del personaje introducido de grado o por la fuerza en un entorno completamente extraño e incluso hostil (hablar de ‘el pez fuera del agua’ tratándose del desierto arábigo sería tan obvio como la película misma), en el que debe encontrar algún cómplice –el nativo Yousef, que le hace de conductor y trata de introducirlo en los misterios de su país– para perseguir el objetivo que lo ha llevado hasta allí, con independencia de que lo consiga o no. La narración tiene un eje lineal en el que se insertan frecuentes y fugaces saltos atrás para dar algo de espesor a la figura del protagonista, proporcionando datos sobre su vida profesional y familiar, su pasado y sus aspiraciones.

106599.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxNada de eso consigue hacer más interesante a ese supuesto triunfador venido a menos, que tiene que emprender una aventura casi imposible para no hundirse por completo, interpretado por un Tom Hanks omnipresente y algo menos Forrest Gump que de costumbre, a la cabeza de un reparto en el que da dolor contemplar a la magnífica actriz danesa Sidse Babett Knudsen, inolvidable primera ministra de la fantástica serie Borgen, en un papel episódico absolutamente indigno de su categoría.

Tampoco sirven de mucho las pretensiones simbólicas que Tykwer introduce con calzador en su guion, inspirado en una novela de éxito reciente en Estados Unidos: ni el bulto en la espalda que Alan tendrá que 155901.jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxhacerse extirpar por una atractiva doctora saudí, ni sus repetidas y grotescas caídas de sillas y otros asientos, ni los chistes sobre el choque de culturas a propósito del estadounidense que se creía de vuelta de todo y ha probado un trago de su propia medicina, con leves apuntes críticos hacia una y otra formas de vida, ni la presentación de Arabia como un permanente contraste entre exteriores desoladores e interiores fastuosos, aportan demasiado interés a esa historia que a pesar del exotismo de su ambientación suena a mil veces vista, sin que venga a añadir casi nada verdaderamente nuevo.

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Para colmo, hacia el último tercio del metraje, la trama gira de pronto, adoptando un empalagoso tono seudorromántico, con escenas de erotismo de baratillo, tomadas a cámara lenta y con música que quiere ser sugerente, recordando los éxitos de taquilla del blandiporno francés de los años setenta. Ya tanto da que el rey decida adquirir o no el innovador sistema de comunicación, que se le presenta en una escena donde los efectos digitales bordean el ridículo, o que prefiera responder afirmativamente a la contraoferta china, potencia económica que aparece en el filme como responsable última del caos económico que impera en el comercio mundial, como si los Estados Unidos a los que representa el protagonista no hubieran empleado hasta la saciedad métodos muy parecidos en su política expansionista de corte descaradamente imperialista.

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Cosa muy distinta es la manera en que puede contemplarse esta película desde un país como el nuestro, donde hemos tenido que soportar a un ministro de Economía implicado en una de las empresas que fueron principales responsables de la citada crisis-estafa mundial –de la que están saliendo ricos más ricos que nunca, mientras se hunden en la miseria millones de pobres de todo el mundo–, junto a un colega de Defensa vinculado, por empresa interpuesta, a quienes se enriquecen con la venta de armas a una de las monarquías más reaccionarias del mundo, más que sospechosa, además, de alimentar al monstruo del terrorismo islamista.

Cosas que tiene el cine: sus productos pueden significar cosas diferentes en el contexto concreto en el que se producen y en las diferentes sociedades en las que se reciben. Y conviene estar atentos, en la medida de lo posible, tanto a una como a otras.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «A Hologram for the King». Dirección y Guion: Tom Tykwer, sobre la novela de Dave Eggers. Fotografía: Frank Griebe, en color. Montaje: Alexander Berner. Música: Johnny Klimek y Tom Tykwer. Intérpretes: Tom Hanks (Alan), Alexander Balck (Yousef), Sarita Choudhury (Zahra), Sidse Babett Knudsen (Hanne), Tracey Fairaway (Kit), Jane Perry (Ruby), Tom Skerritt (Ron), David Menkin (Brad). Producción: X Films Creative Pool, 22h22, Fábrica de Cine, Playtone y Primeridian Ent. (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y México, 2016). Duración: 98 minutos.

Ver todas las críticas de Juan Antonio Pérez Millán. 

 

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