Lo resumió Forges:

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Las peleas en la supuesta familia de la izquierda han impedido gobiernos progresistas (calificativo que huele a sacarina o a omeopatía) y, sobre todo, han favorecido la hegemonía de la derecha política e incluso del pensamiento conservador.

La sociedad española se definía en las encuestas más a la izquierda que a la derecha e incluso los resultados electorales certificaban esa tendencia. La realidad se ha transformado. El mundo, en general, asiste a una deriva conservadora que amenaza derechos, libertades, valores que habíamos considerado irreversibles. Inmenso error. La marcha atrás no tiene freno.

En ese contexto resultan ejemplares los últimos conflictos provocados por el PSOE y Podemos como agentes de agitación y encono en la ciudadanía que reclama políticas sociales efectivas. El próximo gobierno presidido por Mariano Rajoy “el detestable” será un engendro propiciado por la inquina y el rencor de dos formaciones empeñadas en tirarse a los votantes a la cara so pretexto de abanderar un proceso de transformación que, por irreal, solo puede tacharse de falaz.

No hay inocentes. Las declaraciones del nuevo portavoz psoecialista en el Senado sobre Podemos resultan deplorables: «Lo único que buscaba como ambición desmedida era volar los puentes e intentar que no hubiera la posibilidad de diálogo aunque con ello se estuviese abriendo la puerta a una nueva victoria del PP en las elecciones». Las de Pablo Iglesias, no menos: «A ellos (el PSOE) nadie les arrojó cal viva, a Lasa y Zabala, sí”.

Y entre lo uno y lo otro muchos ciudadanos esperaban que, juntos, intentaran resolver sus problemas: los de la gente que más sufre. Si ese no es el objetivo, ¿para qué hace falta la izquierda? ¿Para lucir una escarapela más o menos brillante?

Y así estamos, ante un PSOE despreciable e ineludible; ante un Podemos, ofensivo y necesario. Y así vamos, entre la depresión y el hastío, confiando en que llegue el día en que lo más importante para la izquierda no sea arrancarle la cabeza al compañero.

También esto lo ilustró Forges.

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