Dicen que vuelve a mandar, y mucho; que está detrás de numerosas intrigas e incluso de los máximos dirigentes del nuevo cuño de su partido; que vuelve a la radio, a la televisión o a los periódicos a hacer publicidad de él mismo, como siempre, y de su libro.

Lo último, en El País (Menos corrupción y más solidaridad es lo que necesita Cataluña), da grima; pero saliendo de su pluma, extremidad de su cabeza, asco. Porque, si no es falso, resulta incomprensible un dialogo así entre dirigentes políticos. ¿Ese es el máximo nivel posible de un debate entre ellos? ¿Qué se puede esperar de aquí, allá o entrambas partes?

Solo una cosa cierta: ¡que estamos bonos!

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