Nada volverá a ser igual…

¿A dónde nos lleva esta pandemia?

¿A una sociedad más solidaria que refuerce el valor de la comunidad y, también, del Estado?

¿A un refuerzo del neoliberalismo y el mercado confiando en que solo ellos nos librarán del abismo económico?

¿A una sociedad que redistribuya las cargas fiscales en función de los recursos de los ciudadanos o que favorezca, sin contrapartidas, a empresas y empresarios en tanto que generadores de actividad y empleo? ¿A una sociedad que grave de manera proporcional a los afortunados y a sus herederos, porque la acumulación solo se consigue en detrimento de la mayoría, o a una sociedad basada en el sálvese quien pueda?

¿A una sociedad controlada a través del bigdata, al estilo de los países asiáticos, tal y como la describe Byung-Chul Han, o a un modelo más abierto basado en los derechos de las personas y el respeto? ¿A una sociedad abierta e interrelacionada, presta a la cooperación, o al reforzamiento de diques y fronteras que dificulten la relación con los demás e impulsen la autarquía?

El debate está abierto y se está librando ya. En ese marco se pueden entender muchas actitudes y declaraciones relacionadas con la pandemia del Cidov–19 y su tratamiento. Las diversas posiciones en torno a ese debate se encuentran detrás de muchas intervenciones publicas. Pero la cuestión afecta a todos y la sociedad tendrá que pronunciarse en un plazo más corto que lejano.

Que la espuma de las medidas que nos vayan anunciando no nos ciegue el marco general por el que habremos de movernos.

En ese contexto hay que situar concretamente las reclamaciones que se hacen a la comunidad internacional y, en particular, a la Unión Europea. Así como las alianzas que vayan surgiendo entre el pánico por lo ocurrido y la bruma que provoca su paso.

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