Si Lagardeideas fuera El Mundo, por poner un ejemplo, ahora mismo el titular de este comentario sería otro mucho más categórico, realista y ejemplar: «Rato dimite dos horas después de que Lagar de Ideas denunciara su gestión». Y se quedaría tan a gusto; en esta oportunidad, sin necesidad de mentir.

Porque, como dice el políglota Monago (¡qué habrán hecho los extremeños para que les caigan tantas desgracias!), ¡qué collons!, la verdad es la verdad, lo diga Agamenón o su porquero, y fue publicar el comentario sobre Rato en Lagardeideas y que Rato se echara a correr.

En realidad, poco correr, quizás porque, dada su elevada responsabilidad, estaba obligado a dejarlo todo atado y bien atado. Primero, ya se había negado a rebajar su sueldo mínimo –más de tres millones de euros al año– para compensar la pensión vitalicia de 58.400 euros mensuales que le dejaron sus tres años en el FMI (donde precedió al sexólogo más reputado de Francia, DSK). Luego, ha legado su enorme tarea a otro acreditado trincón, José Ignacio Goirigonzarri, también afamado pensionista.

Dios los cría y ellos se juntan, como los sucesivos dirigentes extremeños, a quienes dios tenga en su gloria ahora y siempre por los siglos de los siglos. Como se juntan en estos tiempos impostores e impositores, denominación esta que recibían, cuando las Cajas eran, además, montes de piedad, los que ahora deben abonar, vía impuestos o cartillas, los desaguisados que cometen los jerifaltes que les impusieron (o sea, los impostores).

Cura de humildad

Sin embargo, pese a todo lo dicho, como Lagardeideas no es El Mundo, debemos reconocer, y reconocemos, que solo Rato se ha dado por aludido y que ninguno de los demás aludidos en el artículo de referencia (referencia del periodismo de investigación que ha de venir  a partir de este hito informativo) ha seguido el ejemplo del banquero.

No desistiremos. ¡Se van a eanterar!

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