foto10957El País quiere convertir a Felipe González en un oráculo, al estilo de aquel que en Delfos resolvía los conflictos más irresolubles. Sin embargo, el periódico ahora global, otrora independiente, apenas ha transformado al expresidente en un vidente que, en lugar de prever el destino de los mortales, los orienta para conseguir que los hechos definitivos confirmen el pronostico y beneficien a los dioses que detentan el poder y la gloria.

El periódico reserva al oráculo como último recurso. Antes, los editorialistas, los columnistas de plantilla y algunos de los colaboradores más conspicuos anticipan uno tras otro, día tras sus propios argumentos. Si se constata que no basta la suma de tanto ilustre, suele intervenir Juan Luis Cebrián, pontífice o monaguillo que aún se siente poseedor de verdades indiscutibles. Y a partir de ahí, ya solo queda sacar al santón en andas, al infalible que cada vez más se transforma en inefable.

thLa última manifestación se tradujo en una entrevista de cuatro páginas cuatro, anunciada en la apertura de la portada a cuatro columnas cuatro, para decir que síque, pero que noque, aunque más que síque que que noque, porque el que hay tantas razones para el que noque como para el que síque. O sea, mucha calentura y poca chicha; y el director del periódico, entrevistador, boquiabierto, inhabilitado para ingerir alimento.

A la postre, El País se pone a favor de los que tienen el poder y el dinero, que tanto escasea y tanta falta les hace, y enarbolan a un gurú que ha asumido sus exigencias como la única vía que nos queda. Quizás tenga razón, pero conviene pensar lo contrario. Por si sale y, sobre todo, para acallar la resignación. Y la tristeza.

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