“El soberano es quien decide sobre el estado de excepción”, dice Byung-Chul Han. Debe tener razón. Quizás por eso ha habido carreras para ver quién tomaba la decisión más drástica. O quizás por eso algunos se sintieron tan molestos cuando otro decidió el estado de alarma.

“La conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno”, dice Noam Klein. O una oportunidad para imponer un sistema político y social que aplaque el pánico: ¿derechos, solidaridad y libertad o seguridad y acatamiento? Por ahí va el debate.

Una manera de simplificarlo: ¿Gana China, pierde Europa? El dilema ya está sobre la mesa.

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