Un estudio analiza la influencia de la frontera en la creación de una identidad gibraltareña que se opone a la española. Concluye ese estudio que el cierre de la frontera por el régimen franquista provocó una división incluso familiar que forjó la identidad gibraltareña. Y a partir de ella creció el rechazo de los habitantes del Peñón a lo español, incluso al idioma que las nuevas generaciones ya no utilizan e incluso minusvaloran, y la retórica que en las redes sociales alcanza tintes racistas, aunque en cierta medida se lamente la pérdida de lo que fue común.

Identidad y frontera, dos conceptos muchas veces indisociables. Para unos la realidad física de la separación alienta el imaginario de la diferencia. Para otros la raya o los límites responden a una construcción artificial con voluntad de romper un imaginario anterior y común. En cualquier caso, identidad y frontera son ficciones que se condicionan, se manipulan y nos depauperan. ¿Por qué, entonces, son tantos los que las defienden?

Pese al auge nacionalista y a los crecientes movimientos antiglobalización sobran las fronteras y las identidades. Nuestra razón de ser no es geométrica, carece de un perímetro estable. El territorio o el lugar que nos acogen remiten a un espacio emocional abierto. Lo demás es prisión, encierro . Y a la postre, entierro.

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