«La teoría del todo». James Marsh, 2014

El británico James Marsh había dirigido hasta ahora cuatro películas de ficción, además de varios documentales, entre ellos el que le dio fama internacional, Man on Wire (2008), sobre el funambulista Philippe Petit, que en 1974 pasó de una a otra de las desaparecidas Torres Gemelas caminando sobre un cable. En La teoría del todo es él mismo quien parece hacer equilibrios en el alambre, porque intenta resumir casi veinticinco años de la vida del famosísimo cosmólogo Stephen Hawking tomando como punto de partida el libro de quien fue su esposa durante ese tiempo, Jane Wilde, Viaje al infinito: Mi vida con Stephen. Y el resultado es un producto híbrido cuya verdadera protagonista, y heroína, es ella, a la sombra del genio. Pero no se trata del enésimo repaso al triste tópico de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, sino de una especie de sutil, o no tan sutil, ajuste de cuentas de una amantísima esposa con el individuo a quien conoció sano, después enfermó gravemente, ella renunció a casi todo para cuidarlo… y él la abandonó cuando se enamoró de la enfermera que lo atendía.

Hay desde luego muchas más cosas en la película. Pero esa es la impresión que queda en la mente tras contemplarla, al menos por primera vez. Está también, por ejemplo, la pugna, planteada desde el principio, entre la fe anglicana de ella y el agnosticismo –o mejor, abierto ateísmo– al que fue llegando él con sus investigaciones sobre el origen del tiempo y del espacio. Pugna cuya resolución parece inclinarse a favor de la creyente, porque fue precisamente la creencia en un más allá lo que la mantuvo al lado del hombre físicamente destruido con el que se había casado, y porque al ser la víctima del egoísmo de él, parece tener derecho a llevar razón, por uno de esos perversos mecanismos de identificación y rechazo, adhesión emocional e inconsciencia intelectual a los que tan dado es el lenguaje audiovisual en su vertiente más convencional.

Por supuesto, no se trata de enjuiciar aquí al auténtico Stephen Hawking ni a la Jane Wilde real. Eso queda fuera del ámbito de un argumento cinematográfico construido en forma de ficción, y además fuertemente emocional. El prestigioso científico y su abnegada compañera –también escritora y autora de una tesis doctoral sobre la poesía medieval en la Península Ibérica, y particularmente sobre La Celestina– serán como sean en su vida. Aquí solo podemos referirnos a lo que la película de James Marsh cuenta, explica y quiere hacer sentir. Y es una especie de anti-biopic, en el que, con el pretexto de un personaje popular, se nos propone un folletín bastante vulgar, adobado con las limitaciones físicas de Hawking, que propician una interpretación esforzada por parte de Eddie Redmayne, de esas que por su aparatosidad se hacen acreedoras de todos los premios, junto a una Felicity Jones más bien sosita pero capaz de manejar varios registros y de atraer las simpatías del público por su papel de víctima.

Sobre ese entramado de sensaciones tan palmarias que resultan ligeramente tramposas, James Marsh añade todos los efectos imaginables: planos ampulosos con movimientos de cámara que quieren ser impresionantes, imágenes decoloradas y de grano grueso, o bien tintadas en un tono dominante, abuso de los primeros planos y música destinada a subrayar los momentos de mayor impacto. Un festival, en suma, de trucos visuales y sonoros para dar forma a una historia insustancial, salvo por lo que tiene de denuncia de aspectos poco conocidos de la vida de uno de los grandes científicos de nuestro tiempo. Nada que objetar, por supuesto, al hecho de que una esposa marginada, y que asegura seguir manteniendo buenas relaciones con su exmarido, exprese sus sentimientos por la vía que considere más oportuna. Lo sospechoso es que una productora cinematográfica y un director vendan, como película centrada en la fama de su coprotagonista –y que se recrea morbosamente en las consecuencias de su terrible enfermedad, mientras pasa de puntillas por el valor de sus descubrimientos científicos–, una historia familiar más bien triste, bastante anodina y solo llamativa por el sensacionalismo que lleva consigo. Puros fuegos de artificio, vamos.

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «The Theory of Everything». Dirección: James Marsch. Guion: Anthony McCarten, sobre el libro de Jane Hawking, «Travelling ti Infinite: My Life with Stephen». Fotografía: Benoît Delhomme, en color. Montaje: Jinx Godfrey. Música: Jóhann Jóhansson. Intérpretes: Eddie Redmayne (Stephen Hawking), Felicity Jones (Jane Hawking), Tom Prior (Robert Hawking), Harry Lloyd (Brian), David Thewlis (Dennis Sicama), Thomas Morrison (Carter), Michael Marcus (Ellis), Emily Watson (Isobel Hawking). Producción: Working Title Films (Estados Unidos, 2014). Duración: 123 minutos.

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