Adiós al derecho internacional. Si los papeles del Pentágono filtrados por Wikileaks anunciaban la muerte de la legalidad en las relaciones entre países, la ejecución de Obama en Pakistán culmina el réquiem de los principios de la comunidad de naciones: tortura, injerencia, venganza, asesinato. Los dirigentes occidentales –Merkel, Sarkosy, Camero e incluso Zapatero– se han sumado al oficio fúnebre. Lo justifican. Aún peor, lo entienden.

Hemos perdido el oremus.

(Recomiendo, a propósito, el artículo El decenio de las sombras, de Gabriela Cañas).

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