Tres bomberos andaluces acusados en Grecia de tráfico de personas han sido exonerados de sus cargos y reconocidos como héroes humanitarios.

Extremos de una realidad.

Los bomberos salvaron vidas concretas. No hay duda. Y por ello merecen respeto y aprecio.

Sus acciones (al igual que las de diferentes organizaciones humanitarias y organismos estatales e internacionales) provocan, sin embargo, muertes en el mar. Explicación: la expectativa de su rescate en alta mar estimula a los inmigrantes a arriesgar su vida a bordo de pateras abocadas al naufragio explotadas por mafias.

¿Entonces?

La labor de los bomberos o de las ongs e instituciones públicas (Italia, Alemania, incluso España) tienen valor humanitario siempre que se reconozca el profundo engaño de sus acciones salvadoras: para empezar, porque colaboran indirectamente con el negocio de las mafias, y después, porque los estados degradan la acogida y los que un día son salvados del océano son condenados, al siguiente, a vivir en condiciones de una precariedad inhumana.

Ese es nuestro mundo.

¿Como resolver sus profundas contradicciones?

Que los gobiernos de los países ricos abran las fronteras sin ningún tipo de restricción para evitar el comercio de personas. Y simultáneamente que los gobernantes de esos países asuman su inminente derrota electoral y la llegada de otro gobierno que ponga nuevos y crecientes límites a la inmigración.

Esa es la situación en que nos encontramos.

Volviendo a la casilla de salida mientras la convivencia arde en los banlieurs para escándalo de los bienpensantes.

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