La Cumbre del Clima, que se celebró hace unos días en Katowice, puso de manifiesto que existen países dispuestos a desafiar las leyes de la física, aunque estas no sean negociables. Ante tanta terquedad solo cabe pensar que algunos de los provectos dirigentes mundiales saben que la catástrofe a ellos no les pilla; por meras razones de edad. La solución consistiría en encomendar la negociación a una generación a la que sí le va a afectar la tragedia.

Hay ocasiones en que los mayores están obligados, como mínimo, a abstenerse. Por respeto. Aunque podría resultar más conveniente apartar del poder a los idiotas. Y ahí sí que estamos atascados.

Apenas terminadas y publicadas estas líneas, aparece una columna de Máriam Martínez-Bascuñán, titulada Ejército de trolls, que concluye: ·La línea que separa el delirante fanatismo de la convicción de la pura idiotez improvisada es muy fina. No sé ustedes, pero yo ya no sé dónde estamos». Pues, eso.

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