«La sal de la tierra». Juliano Ribeiro Salgado y Wim Wenders, 2014  

Nadie va a discutir a estas alturas la importancia de Wim Wenders en el panorama cinematográfico contemporáneo, desde que debutara en el largometraje con Summer in the City (1970) y a través de una nutrida serie de títulos entre los que destacan, según los gustos, El miedo del portero ante el penalti (Dia Angst der Tornmanns beim Elfmeter, 1972), Alicia en las ciudades (Alice in den Staädten, 1974), En el curso del tiempo (Im Lauf der Zeit, 1976) o El amigo americano (Der amerikanische Freund, 1977), por citar solo los de su primera época. También es cierto que se le puede reprochar cierta tendencia a apoderarse vampíricamente de la sustancia de otros, incorporándola como mérito de sus obras, sobre todo desde que en Relámpago sobre agua (Lightning over Water, 1980) se recreó con dudoso gusto en la agonía real de su admirado Nicholas Ray.

Algo de eso hay también en esta nueva y magnífica película que firma junto a Juliano Ribeiro Salgado, hijo del gran fotógrafo brasileño y universal Sebastião Salgado, eje absoluto del filme. Que, para empezar, toma su título de todo un clásico del documental de carácter social, The Salt of the Earth (1954), de Herbert J. Biberman, sobre una huelga minera en Nuevo México y los prejuicios raciales y de clase imperantes en los Estados Unidos.

Sin que sea posible distinguir la aportación concreta de cada uno de los dos codirectores, La sal de la tierra sigue la biografía personal y artística del fotógrafo, etapa por etapa, proyecto creativo por proyecto creativo, siempre ayudado e impulsado por su pareja, Lélia Wanick, y con intervenciones esporádicas del padre, el hijo e –inevitablemente, pero bastante comedida, al final– del mismo Wim Wenders.

Lo primero que sorprende en esta obra singular es la extraordinaria fuerza que adquieren en la pantalla de un cine las fotografías de Salgado, en riguroso blanco y negro, como su propia imagen cuando reflexiona sobre su trabajo y su recorrido a través de primeros planos primorosamente montados para que, en vez de interrumpir, añadan fluidez al discurrir de aquellas. Sorprende tanto, que el espectador puede llegar a reconocer que esas imágenes fijas le impresionan y emocionan más que cuando pudo ver en televisión secuencias en movimiento sobre los conflictos de los Balcanes, los genocidios de Ruanda y tantas otras catástrofes de la segunda mitad del siglo XX. Conflictos, por cierto, que al decir del propio Salgado fueron los que lo animaron a abandonar su trabajo hasta cierto punto reporteril, psicológicamente agotado por las desgracias que la humanidad es capaz de infligirse a sí misma y por su capacidad de crear infiernos en este paraíso que es la tierra, para dedicarse a la fotografía de naturaleza y a repoblar la desolada porción de desierto que heredó de sus mayores, en un acto de amor por el planeta después de haber tratado de amar a sus habitantes.

Porque si algo caracteriza al trabajo de Sebastião Salgado es su nítida voluntad de implicarse personalmente en lo que retrata, huyendo siempre de la frialdad y el oportunismo del simple turista curioso o sensacionalista, para intervenir con su propia vida y sus imágenes en la lucha que día a día tienen que mantener sus protagonistas. Así ha reunido un archivo que, más allá de su valor estético, da testimonio vivo de la malignidad que puede alcanzar la especie humana, movida por oscuros intereses económicos y de clase.

Por eso es interesante reseñar que La sal de la tierra remite, de forma voluntaria o involuntaria, que tanto da a estos efectos, a las imágenes obtenidas en su día por los operadores de películas de ficción como Vidas secas (1963) o Dios y el diablo en la tierra del sol (Deus e o diabo na terra do sol, 1964), de los también brasileños Nelson Pereira dos Santos y Glauber Rocha, respectivamente, o al trabajo del excelente director de fotografía mexicano Gabriel Figueroa en multitud de películas visualmente inolvidables. Un feliz maridaje entre la fotografía y el cine, al servicio de causas mucho más nobles que el simple negocio de la taquilla.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «The Salt of the Earth». Dirección: Juliano Ribeiro Salgado y Wim Wenders. Guion: Juliano Ribeiro Salgado, Wim Wenders, David Rosier y Camille Delafon. Fotografía: Hugo Barbier y Juliano Ribeiro Salgado, en color. Montaje: Maxine Goedicke y Rob Myers. Música: Laurent Pettigand. Intervienen: Sabastião Salgado, Juliano Ribeiro Salgado, Hugo Barbier, Jacques Barthélemy, Lélia Wanick Salgado, Wim Wenders. Producción: Decia Films, Amazonas Images (Brasil, Francia e Italia, 2014). Duración: 110 minutos.

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