Llamada de atención contra el pensamiento acrítico.

Más de un centenar de premios Nobel, en su mayoría químicos y médicos, firman un manifiesto para defender los transgénicos transgenicoscontra la opinión de importantes grupos ambientalistas, ecologistas y de poblaciones que han acogido como propia la causa de aquéllos.

“Hay que detener la oposición basada en emociones y dogmas, en contradicción con los datos”, proclama ese grupo de científicos que acusan de crimen contra la humanidad a Greenpeace y otras organizaciones beligerantes contra la intervención genética en los productos naturales.

Terrenos movedizos. Los naturalistas a ultranza acusan a los ingenieros de respaldar intereses de grandes multinacionales, argumento en el que coinciden plenamente con quienes defienden la manipulación genética, que acusan a los contrarios de amparar intereses de grandes productores e incluso países.

En este aspecto los dos tienen razones y en mayor medida, es muy posible, los grupos ambientalistas y ecologistas. Pero la crítica de los científicos merece reconsiderar el dogmatismo que en algunos aspectos empieza a inundar el ambiente de la 74443sociedad contemporánea. La permisividad de los poderes públicos ante los intereses de los grupos económicos más poderosos no se puede combatir con eslóganes y principios que, sin una argumentación rigurosa, prolongan mecanismos capaces de intervenir contra el hambre y la enfermedad.

El problema intereses tan antagónicos tienen las mismas víctimas.

 

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