Dos amigos que apenas se vieron una vez, hace ya cuarenta años, tras haber compartido las aulas de la facultad de Letras, se encuentran por casualidad en una librería madrileña. Los recuerdos de los años en que fueron compañeros y disfrutaban del mutuo interés por la filología se mezclan con el descubrimiento de lo ocurrido en el largo tiempo transcurrido sin noticias del otro. Sobre el escenario del Madrid literario, estudiantil y reivindicativo de los años 70, los dos hombres van descubriendo que “al final nos hemos quedado todos en pálidas representaciones de nuestras quimeras” o, como se repite a lo largo de la narración, que “uno piensa el bayo y otro el que lo ensilla”.

Hasta ahí la acción de La escapada (Tusquets 2019), la última novela de Gonzalo Hidalgo Bayal: una simple peripecia en la que dos viejos amigos “vuelven sobre sus pasos en común y se afanan en desmenuzar los pormenores de la miseria”. Un recorrido personal y paralelo, el del narrador y el de Foneto –el otro protagonista–, donde la lírica se impone a la épica y en el que, según la norma del autor, la narración va “de la historia a la condición humana, nunca de la condición humana a la historia”. Una declaración del propio estilo.

GHB tiene acreditada su condición de autor excepcional, porque vive y escribe al margen de los gustos convencionales o de la preceptiva de los círculos literarios; y, sobre todo, porque ha desarrollado un estilo singular, en el que el lenguaje constituye el eje central de sus novelas o el sustento que anima a la reflexión a través de la paradoja, el humor o el juego; el gozo de una literatura que aúna ingenio y belleza. Importa lo que cuenta y, sobre todo, lo que el cuento invita a pensar y a disfrutar. Pura literatura.

Foneto se añade a la formidable nómina de los personajes memorables que integran el universo bayaliano, como el interventor, don Gumersindo y alguno de sus alumnos –inolvidable Mente Cato–, Nemo… Pero, una vez más, esos héroes líricos comparten protagonismo con un narrador que, sobre todo en esta ocasión, sin apartarse de la ficción, se asemeja en múltiples detalles al propio autor.

Un narrador brillante que, pese a la riqueza y el ingenio de su lenguaje, muchas veces asume cierto tono de improvisación, con disgresiones o referencias encadenadas que le obligar a retomar el hilo. Se aproxima así a las fórmulas de la conversación o de la narración oral, que aportan frescura y naturalidad a un texto complejo  en su estructura, sus referencias y su ambición. Por eso también La escapada se lee de corrido, pero, cuando concluye la lectura, surge la necesidad de degustarla lenta o fragmentariamente. Merece la pena. Porque, una vez más, leer a GHB es un placer. Y ya solo queda adherirse a quienes reclaman para él el reconocimiento público que merece. El literario está fuera de dudas.

Gonzalo Hidalgo Bayal vuelve a invitarnos a practicar una mirada cargada de matices; sugerente y evocadora. Algunos ejemplos, entre tantos:

  • “Quizás al final siempre ganen los mismos y pierdan siempre los mismos, pero eso no niega la evidencia: que un partido de fútbol es una sucesión de errores. Como la vida misma”.
  • “No hace falta mucha perspicacia sociológica para advertir que ni la gente inculta se considera inculta ni la verdaderamente culta se considera culta”.
  • “Nadie quiere morir. Otra cosa es que ese no querer morir sea suficiente para madrugar con entusiasmo”.
  • (Todos los padres) “desean con verdaderas ansias que sus hijos sean mejores que ellos, más guapos, más listos, más felices. Solo dios, que es eterno, si es que existe y lo es, fueran mortales, infelices e idiotas. Un dios así, si es que existe y lo hay, es un ser malévolo y perverso, es un mal tipo”.
  • “Mejor es la diferencia que la deferencia, no digamos ya que el empalago”.
  • “Digamos que el héroe épico no piensa en sí mismo y que el sujeto no piensa en otra cosa que en sí mismo. El sufrimiento del sujeto lírico es solo efecto de su egoísmo sentimental, esto es, despecho contra un mundo que no se aviene a sus deseos”.
  • “Una singular paradoja: echar de menos lo que nunca fue, lamentar que no quisiera llegar a ser lo que podía haber sido.”

Es probable que “pronto no quedará por el mundo ningún quiosco de prensa”, pero, a partir de ahora, quien haya leído La escapada, cada vez que acuda a alguno de ellos, echará de menos a Foneto y a quien fue su antiguo compañero. Porque la última obra de Gonzalo Hidalgo Bayal no solo brilla; cuando se cierra la última página, abre un espacio para la emoción.

¡Qué gozada!

 

(Otras consideraciones en torno a La escapada, de Gonzalo Hidalgo Bayal, aquí).

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