Grecia se debate en la unidad de grandes quemados.

Portugal arde.

España se abrasa, estimulada por los bomberos que distribuyen gasolina.

Italia aviva las llamas,. ¿Para la gran pira o para plantear un cortafuegos?

De la imaginación italiana, de la supuesta fortaleza de su sociedad civil, de la contradicción de sus contrarios incompatibles cabe esperar lo inesperable.

¿Y si Bersani, el hombre gris, asumiera las reivindicaciones de los grillini y se pusiera al frente de la creación de una nueva izquierda?

¿Y si algunos grillini, más lúcidos que su líder (otro personaje de la política italiana que está pero no está en la arena o el barro), entendieran que sin una visión general no hay política y que mientras haya ciudadanos desiguales deberá haber izquierda y derecha, porque, si no, aún será peor?

Si ocurrieran esas cosas, y si todos los quemados amenazaran con seguir en la senda del cortafuegos, tal vez la Europa de los recortes se vería amenazada. Pero ese, a estas alturas, parece un requisito imprescindible para que algo cambie.

Cualquier planteamiento de futuro, en los países enviados al horno crematorio e incluso en los que aún disfrutan del frío, deberá hacerse con propuestas vigentes en las calles, surgidas de la indignación o del hastío de la política al uso, pero también (para quienes minusvaloren tales motivos), porque son el fruto de una reflexión lúcida aunque aún dispersa.

De la misma manera, la organización de la acción política habrá de atenerse a pautas que incorporen aspectos tan relevantes como la crítica y la espontaneidad  frente a las fórmulas tradicionales, que tanto protegen lo obsoleto como lo inoperante o lo despreciable.

Entre lo uno y lo otro habrá que fijar instituciones decentes y útiles para una sociedad movilizada. Otros dos aspectos, imprescindibles.

¿Demasiada tarea? Tal vez por eso no se puedan reclamar ya la solución definitiva. Habrá que construirla con tensiones inevitables y con plena consciencia de que hay demasiados y decisivos poderes en contra como para liarse a mamporrazos entre los que propugnan los cambios.

 

Y ahí es donde puede empezar a funcionar la vía italiana. Por en ese país, como en ningún otro, aparecen definidas (y a su manera articuladas) tres vías en llamas. Se puede discutir cuál de ellas gana en un ejercicio de desgaste que lleve a lo mismo. O se puede buscar si existen posibilidades de integración de principios que alentaron la sociedad que soñamos en tiempos oscuros y de exigencias que han surgido de haber creído que soñar era el objetivo, mientras los realistas vendían al dinero y al poder cualquier expectativa.

 

¿Serviría entonces el cortafuego? ¿O nos damos todos por cremados?

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