La justicia tiene razones que la razón no discute (porque no sirve para nada).

La ley discurre por caminos entrecruzados y artículos pequeños en los que el ciudadano se pierde (a veces, en compañia de los propios expertos legales).

Contra las resoluciones judiciales no caben juicios ajenos (a lo sumo, recursos).

A veces el debate sobre algunas decisiones judiciales pretende ocultar la existencia de delitos.

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