Tiene razón Pablo Iglesias. Su mejor jefa de comunicación ha sido Esperanza Aguirre. Y si sigue ejerciendo, es capaz de llevarle a la Moncloa en volandas y por aclamación.

¿Qué habríamos tenido que hacer la mayoría de los ciudadanos en el caso de que alguna de las iniciativas de coalición de Esperanza Aguirre hubiera fructificado, declarando a Podemos fuera de la Constitución y, por tanto fuera, de la legalidad?

Esa decisión habría obligado ipso facto a las barricadas o a la clandestinidad. Y como a estas alturas no cabe la posibilidad de impedir el voto de los mayores de edad,  a la primera oportunidad electoral los votos salidos de las alcantarillas, e incluso de los soviets, abarrotarían las urnas. O sea, Pablo Iglesias a los cielos, por las malas o las que fueren.

Lo malo es que las declaraciones de la señora Aguirre es que fueron refrendadas por buena parte de la cúpula del PP. Es decir, una buena parte de quienes detentan el poder político piensa que una opción política, con un elevado refrendo en las urnas, es ilegal (y mucho más). Y en esa tesitura habría que decidir si quienes no caben en un sistema de libertades son los otros o los unos.

Hay declaraciones que sonrojan. La de los soviets, la de las violaciones de monjas y las matanzas de curas, las que vinculan a los discrepantes con el terrorismo o la barbarie, las…

La semana después de las municipales ha sido tan prodiga en barbaridades que, lo que ocurrió después de unos comicios similares, el 14 de abril de 1931, habría pasado al olvido si Esperanza y sus secuaces hubieran seguido alentando a instaurar la Tercera República.

No hubiera quedado otro remedio. Mejor aún, tal vez no quede otro remedio.

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