En un día en el que se nos imponía el debate como el género informativo por excelencia en tiempo de elecciones, aún brillaba el recuerdo de una entrevista ejemplar, por su capacidad para trasladar la profundidad argumental de un político singular.

 

La realizó Jordi Évole. Su interlocutor fue el expresidente uruguayo José Mujica. Las preguntas más sencillas provocaron respuestas enormes.  Nada que ver con el, según sus promotores, mejor debate de la nuestra historia; el que cambiará el devenir del género.

¿Ofrece más posibilidades la entrevista que la confrontación de propuestas? ¿O viceversa? ¿Es una cuestión de géneros?

¿O se trata tan solo de que el viejo Mujica está a años luz de nuestros candidatos?

 

¿Pero qué tiene este tipo desaliñado y espontáneo, lúcidamente contradictorio y sincero? Bajo su aspecto despeinado, casi andrajoso, hay un hombre que ha pensado para la acción y desde la acción, que distingue entre lo lúcidamente deseable y lo posible, que quiere cambiar la actividad pública en beneficio de quienes disponen de menos recursos.

Y entusiasma. No es cuestión de géneros.

 

 

 

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