COMO LA LUZ DE LAS ESTRELLAS MUERTAS

378132.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx Es frecuente que, tras la muerte de un ser querido, el superviviente imagine que habla con él, para mantener vivo su recuerdo o paliar en lo posible el dolor de la ausencia, confiriéndole a ese hecho una dimensión religiosa o no, según sus creencias.

El veterano cineasta italiano Giuseppe Tornatore ha dado en esta película una sugerente vuelta al asunto, haciendo que el fallecido mantenga contacto con la pareja a la que dejó atrás, por diversos procedimientos –correos electrónicos, vídeos y otras formas de comunicación actuales, además de los tradicionales envíos de cartas, ramos de flores y otros regalos–, sin que esta tenga la posibilidad de hacer lo mismo.

Edward Phoerum es (era) profesor de Astrofísica en una universidad británica y mantenía una intensa relación amorosa con su alumna Amy Ryan. Él estaba casado y tenía dos hijos de edades muy diferentes, mientras que ella oculta un pasado traumático que la aleja de su familia.

111217.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxLa única vez que los vemos juntos es en el largo plano inicial, y en una de las dos habitaciones separadas que ocupan en un hotel al que acuden con frecuencia. Después, Ed dice que estarán un tiempo sin verse, porque debe participar en un congreso e impartir conferencias fuera de la ciudad, por lo que se despiden apasionadamente… Aunque sigue enviándole mensajes por diversos conductos, Amy tardará en descubrir que en realidad ha muerto, víctima de una dolorosa enfermedad de la que él había conseguido mantenerla al margen.

La joven convierte entonces la búsqueda de su amante en un doloroso recorrido por los lugares que compartieron, descubriendo –y el espectador con ella– los alambicados mecanismos que él dejó previstos hasta el último detalle. Incluida una clave para que Amy pueda romper el singular contacto si se cansa de él por la razón que fuere.

541014.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxHay que reconocer que algunos de esos métodos rozan la inverosimilitud y corren el riesgo de desenganchar al espectador de un transcurso argumental que da cosas por supuestas y esconde otras de forma algo tramposa. A cambio, Tornatore desarrolla un guion tallado al milímetro, cuajado de presencias estimulantes: el anillo talismán; la escultura a la que Amy sirve de molde; las travesías del lago que, además de remitir inevitablemente a la Laguna Estigia, recuerdan la llegada de Aschenbach al Lido en Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1971), de Luchino Visconti, con la música de Ennio Morricone sustituyendo aquí a la Quinta Sinfonía de Mahler; o ese perro que se acerca a Amy en el campus y parece estar dándole a entender la muerte del profesor y hasta sus condolencias por ello…

538202.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxHay también otras imágenes, como las de la hoja de parra golpeando el cristal o la del ave rapaz volando en paralelo al tren, por ejemplo, que no alcanzan el aliento poético que se buscaba, ya que en ocasiones se arriesga demasiado en este terreno. Quizá por eso, entre otras cosas, algunos comentarios han rechazado el filme por considerarlo demasiado sentimental. Pero ¿acaso ya no se pueden contar historias de amor en el cine? ¿Y es posible contarlas sin hablar de sentimientos y buscar las formas, clásicas o contemporáneas, de materializarlos?

En este sentido, es loable el citado intento del director por vincular unos temas intemporales con un contenido de indudable actualidad, haciendo que la profesión de los protagonistas y su conocimiento de las leyes físicas que rigen el funcionamiento del universo encuentren un eficaz –y en algunos momentos explicitado en los diálogos– paralelismo con la peripecia de Ed y Amy, simbolizado en esos mensajes que él envía y ella recibe del mismo modo que llega hasta nosotros la luz de estrellas desaparecidas hace miles de años.

201689.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxOtras críticas, y en algunos casos las mismas, han recurrido a la comparación con la película más celebrada de Tornatore, Cinema Paradiso (1988), para descalificar esta, tratando con ello de certificar la decadencia del autor. Sin embargo, también puede encontrarse una sutil y quizá involuntaria coherencia entre aquel niño que descubría el mundo a través de una pantalla de cine proyectado en celuloide y esta joven que mantiene contacto con alguien querido mediante otras formas de pantallas, de cristal líquido y píxeles.

Sin ser una obra maestra, La correspondencia es suficientemente atrevida al abordar un asunto de vigencia eterna –sin recurrir para ello a ningún elemento o apunte de pretendido carácter sobrenatural– como para merecer atención, e incluso para satisfacer a un espectador no demasiado exigente en términos de credibilidad.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: La corrispondenza. Dirección y Guion: Giuseppe Tornatore. Fotografía: Fabio Zamarion, en color. Montaje: Massimo Quaglia. Música: Ennio Morricone. Intérpretes: Jeremy Irons (Ed Phoerum), Olga Kurylenko (Amy Ryan), Simon Johns (Jason), James Warren (Rick), Shauna Macdonald (Victoria), Oscar Sanders (Nicholas), Paolo Calabresi (Ottavio), Anna Silva (Angela). Producción: Paco Cinematografica, Rai Cinema (Italia, 2016). Duración: 116 minutos.

Ver todas las críticas de Juan Antonio Pérez Millán. 

 

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