Hartos ya de estar hartos de corrupciones estratosféricas, nos empeñamos en creer que hay cosas menores, pequeñas corruptelas de las que no se libra nadie, que forman parte del adn humano o, siquiera, hispano. Disculpables por inevitables.

– Distingamos, advierte el eco del oráculo.

Los estipendios del áulico Monedero, las plusvalías VPO de Ramón Espinar, la permisividad universitaria de Errejón, la irresponsabilidad contratante de Echenique… forman parte del genoma colectivo.

Pablo Echenique, el secretario de organización de Podemos, contrató a un asistente al que en ningún momento dio de alta y del que nunca recibió factura alguna. O sea ni trabajador por cuenta ajena ni autónomo. Nadie se dio cuenta. Las pequeñas cosas.

¿Quién no conoce a empleados domésticos sin contrato? Ese simple y estúpido dato basta para impedir a un ciudadano que sea ministro, alto cargo… Ha ocurrido en Alemania, en Estados Unidos…

La decencia no tiene unidad de medida. Su contraria, la indecencia, crece en función de las opciones que van presentando. Pasito a paso.

Indaguemos a los estratosféricos. El primer golpe tal vez lo dieron de niños. O lo vieron en su propia casa. Real.

A partir del primera traspié sin descalabro se fueron arriba. Algunos llegaron muy alto. Casi hasta el altísimo.

Pues eso. ¿Cuándo empieza la educación?

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