Las cuentas de Rajoy, el motivo su orgullo permanente, requieren perspectiva.

Un par de datos. La subida de las pensiones durante tres años consecutivos equivale a seis euros en total (durante el trienio completo) para las retribuciones más bajas. ¿A esto se llama subida?

El incremento de los parados que carecen de prestación por desempleo permite incrementar el gasto social el 2016. Y presumir por ello.

El fondo de la cuestión lo explicó el propio presidente del Gobierno, tras el último Consejo de Ministros, cuando le preguntaron sobre su empecinamiento en aprobar los presupuestos de 2016: por qué su gabinete, elegido para cuatro años, podía decidir la distribución de las cuentas públicas de cinco ejercicios o dejar lastrado al gobierno que ha de venir.

Lo explicó sin ambages: “para dar seguridad a las empresas”.

(Y ya se sabe que, cuando se menciona así a las empresas, se habla directamente de las más grandes, de las merecen audiencia y obediencia; las que, además, menos contribuyen a las arcas públicas).

Con aquella afirmación y los datos anteriores se entiende un principio fundamental de la política económica de estos años: que los más pobres subvencionen a los pobres. Tal aberración no puede ser fruto del azar. La desigualdad creciente no es casual, sino el objetivo de esta política.

Para estar orgulloso, Mariano.

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P.D. Escrito este comentario, leo el editorial de El Paísde este domingo: Presupuesto confuso. Para ver cómo, a partir de los mismos datos, se pueden obtener conclusiones diferentes.

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