La Corona  británica tuvo su annus horribilis. La española lleva una temporada que ni te cuento. Lo de Urdangarín la ha aplastado más aún que si se le hubiera caído un elefante encima; un paquidermo de Bostwana, los peores.

El último capítulo: la princesa Corinna, que lo es de otro reino aunque pueda parecerlo del mismo rey, se pasea por algunas portadas no se sabe si para lucirse, para quitar presión a su amigo o para añadir tensiones a toda la familia.

A punto de entrar nuevamente en el quirófano, también aquí se ignora si por prescripción del neurocirujano o del sofrólogo, su majestad ha recibido una buena noticia: la final de Copa, su Copa, la disputarán el Atleti y el Madrid. Le ayudará a recuperarse. Otro Barça-Athletic hubiera resultado funesto para sus oídos.

Advirtió los primeros pitidos en un partido de esos y sus oídos llevan meses silbándole sin tregua. Otro brote amenazaba con desquiciarle. Esta final de Copa es un alivio.

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